+-----------------------------------------------------------+ |...........................................................| |..Lo.mejor.del.fanfiction..................................| |..._______..................______...........__._..........| |..|__ __|................| ____|........./ _(_).........| |.....| |_ __.__._._.__..___| |__ __._._.__.| |_ _..___.....| |.....| | '__/ _` | '_ \/ __| __/ _` | '_ \| _| |/ __|....| |.....| | |.| (_| | |.| \__ \ |.| (_| | |.| | |.| | (__.....| |.....|_|_|..\__,_|_|.|_|___/_|..\__,_|_|.|_|_|.|_|\___|....| |...........................................................| |...............................http://www.transfanfic.org..| |...........................................................| +-----------------------------------------------------------+ | | |Título original: Children of an Elder God, Part 23 | |Autor : John Biles - ranma@falcon.cc.ukans.edu | | Rod M. - rpm@thekeep.org | |Traducción : Miguel García - garcia.m@gmx.net | | | +-----------------------------------------------------------+ -*- John Biles & Rod M. Presentan Un Mundo Alternativo de Neon Genesis Evangelion Hijos de un Dios Ancestral Parte 23 El horror que cayó sobre Shwartzburg -*- "Continúan las protestas en las instalaciones estadounidenses de NERV. Coordinados por la agrupación de seguimiento NERVWatch, los manifestantes han estado gritando consignas y desplegando carteles desde las 8 de esta mañana. A diferencia de oportunidades anteriores, el gobierno estadounidense parece negarse a tomar acción alguna para dispersarlos. Todo parece indicar que la estima de NERV entre el público ha tenido una caída sin precedentes". Clic. "El Consejo de seguridad de Naciones Unidas continúa reunido a puertas cerradas, en sesión especial. Se especula que intentan determinar los pasos a seguir en respuesta al desastre de Shwartzburg. NERV continúa sosteniendo que la Sexta Niña perdió la razón producto del estrés causado por el pilotaje de la unidad EVA, lo que llama a muchos a preguntarse cuánto peligra la salud mental de los demás Niños..." Clic. "¡Es el fin de los tiempos! ¡Los réprobos se alzan y se visten con imagen y nombre de justos, pero por sus frutos los conoceréis! ¡No hay una sola persona temerosa de Dios entre sus filas, solo un hato de paganos de la peor calaña! ¡La comandante de guerra lleva al cuello un signo sagrado de los paganos, una parodia de la Cruz de Jesús, en quien depositamos nuestra fe..." Clic. "Amén, y os digo hoy que santos son los Niños en verdad, porque ellos protegerán a esta Tierra. No te dejes desmayar por el sinsabor de Shwartzburg, pues los poderes de la noche son extensos. ¿Acaso no hemos visto cómo echaron de entre ellos a la traidora antes de que pudiese hacer más daño? Del mismo modo debemos extirpar a los que nos desvían de la senda de..." Clic. "El gobierno del Perú ha anunciado sus planes de denunciar a NERV ante el Tribual Internacional de Justicia. La Batalla de Lima fue dantesca, con incontables miles de muertes..." Clic. "En una tendencia que sigue al alza, los sicólogos continúan estudiando la problemática de las pesadillas compartidas. En un principio desestimadas por la comunidad científica, se ha hecho imposible negar que mucha gente de todo el mundo, en particular aquellos con inclinaciones artísticas o religiosas, han comenzado a soñar con una ciudad hundida, compuesta de arquitectura no euclidiana, habitada por hombres-pez. Muchos temen que esto pueda presagiar un ataque de ángel incluso más potente que los anteriores. "No obstante, el doctor Emmanuel Fisher, de la Universidad de Chicago, mantiene que se trata de una forma particular de histeria colectiva, exacerbada por la cobertura mediática. Se encuentra en nuestro estudio el doctor Fischer, que..." Clic. "Pídalo ya, este producto exclusivo de Discos Ayer, ¡lo mejor Juan el Juantástico, chacal de la tornamesa! ¡Por solo 19 con 99, puede ser suyo este set de dos discos con la música que nos hizo crecer! ¡Llame ya, antes de que se haga música de ascensor!". Fuyutsuki se relajó un poquito; se hubiera reído de haber estado con un ánimo mejor. Las cosas no iban bien: la presión iba en aumento, y temía que pronto SEELE haría su maniobra. Posiblemente usando primero a la ONU como perro de presa. La televisión seguía gritando, ahora con lo que parecía ser un comercial de salchichas. Sonó su teléfono, interrumpiendo sus cavilaciones. --Comandante, los informes astronómicos que pidió están listos --informó el sargento Kazuya. --Gracias. Voy para allá --dijo. Se levantó y partió al observatorio. -*- Los resultados no eran concluyentes. Nunca lo eran últimamente, parecía a veces. Fuyutsuki suspiró y dejó a un lado el informe. Las estrellas más fácilmente observables estaban prontas, pero ¿lo estaban las ocultas? Ya sin acceso a los equipos especiales de SEELE, no tenía certeza. Las señales y portentos ya estaban. Este era casi con toda seguridad el momento en que Cthulhu surgiría. Y Cthulhu era casi con total certeza el Rey del Mar. Casi con total certeza. A menos que fuera algo relacionado con el Dagón e Hidra. No podía ser Ghatanothoa. Ese ya estaba muerto. ¿O no? Volvió a desear que Gendo no hubiera fallecido. Fuyutsuki no era hombre hecho para el liderazgo; había dejado que Gendo tomara el mando, luego lo había guiado con su saber. Gendo era el hombre para una crisis como esta. ¿Era factible el plan? ¿Era capaz él de llevarlo a cabo? ¿Y si no podían, qué pasaría? Si los Niños vencían, tendrían el poder de los dioses. ¿Qué harían con este? ¿Correría la Tierra la suerte de Xoth? Vencerían al Rey del Mar, si sus mentes no se rompían. Pero ¿resistirían sus mentes? ¿Podía él hacer que resistieran? Y Yui... La echaba de menos a ella también. Ella siempre había atenuado la intensidad de Gendo. Tal vez si hubiera vivido... Podía verla ahora, su rostro sonriente. Siempre había aligerado el ánimo de él y de Gendo. Pero ahora estaba perdida en la Unidad01. Tal vez perdida para siempre. Gendo siempre había abrigado la esperanza de extraerla, una vez investido del poder suficiente. Fuyutsuki había tenido la misma esperanza, pero temía que el poder no sería suyo. Quedaría en manos de los Niños, y estos carecían del adiestramiento, de la disciplina... Tal vez hubiera sido mejor decírselos todo. Pero un secreto demasiado extendido caía muy fácilmente en malas manos. Sonó el teléfono y lo atendió. --¿Diga? --Mi comandante, tenemos informe del Pacífico Sur --dijo Misato--. ¿Puede venir al puente de mando? --Desde luego. Pronto llegó al puente, donde Misato con la doctora Himmelfarb y el resto del personal de planta observaban el mensaje proveniente del Pacífico Sur. --Los hay por miles allá abajo --informaba el comandante Nelson, del Intrepid. Era alto, canoso, delgado y con aspecto de preocupado--. El sonar se está volviendo loco. Y hay unos... Hay varias cosas que no podemos reconocer por imagen. Parecen calamares de decenas de metros de largo. --Es muy posible --dijo Fuyutsuki--. Observe, pero mantenga la distancia. --¿Qué diablos son estas cosas? --preguntó el comandante Nelson. --Extraterrestres, en resumen --dijo Fuyutsuki--. Son muy peligrosos, pero, si mantiene la distancia, creemos que no cuentan con ningún método de ataque de largo alcance. Pero si uno de esos calamares atrapa a su embarcación, considérese muerto. --¿Extreterrestres? ¿En serio? --Igual que los ángeles, pero mucho más pequeños y menos peligrosos --dijo Fuyutsuki--. Continúe su observación; vamos a gestionarle un envío de apoyo. --Sí, mi comandante --dijo Nelson, luego saludó. Fuyutsuki devolvió el saludo, y la comunicación se cerró. --¿Alguna otra novedad? --Polaris empieza a detectar niveles crecientes de radiación de ángel en el Pacífico Sur, en estas coordenadas. --La doctora Himmelfarb le pasó el informe--. Incluí el último informe de Andrómeda. --¿Andrómeda? --Se está moviendo. --¿Toda la galaxia? --dijo Misato con tono de sorpresa. --Muchos cuerpos celestes parecen estarse moviendo de maneras que hubiéramos creído imposibles --dijo la doctora Himmelfarb--. Acompañamiento ideal para el pánico mundial que han causado las pesadillas. La hora venía, concluyó Fuyutsuki. Era momento de actuar. --Vamos a tener que preparar una misión al Pacífico Sur. La siguiente manifestación será allá. También voy a necesitar un ataque de fuerzas convencionales en el Pacífico Sur, de preferencia antes de nuestra llegada. Mi estimación es que este ángel tiene un ejército esperando para ayudarle. La erupción de actividad que siguió le hizo sentir un poco mejor acerca del futuro. Actuar era mejor que rumiar. -*- Las ruinas del yate a vapor tenían un aspecto poderosamente orgánico, la mayor parte de sus costados raídos por la herrumbre y las mareas fuertes, que no habían dejado sino una carcasa esquelética plagada de coral. Contra su costado había un tablón podrido, donde apenas podía leerse la palabra ALERTA. Había yacido allí descomponiéndose en paz, pasando los años en oscuridad y aislamiento. Una sombra solitaria en la negrura se aproximó al naufragio e hizo un alto, como reconociendo alguna significancia en aquella tumba, luego siguió camino. Pasó otro ser de sombras, y luego otro, y otro, una marcha de sombras que parecía no tener fin, un enjambre que pasó sobre el navío y a través de este, como reguero de hormigas. El desfile pavoroso siguió moviéndose. Las estrellas estaban prontas. Su hora daba inicio. -*- Akane despertó desnuda y sudada en una caverna, sintiendo un tanto de irritación. Se había dormido desnuda y sudada, pero había sido en la blandura de su cama, en brazos de su amante. No en una caverna fría y húmeda. Intentó sacudirse la tierra, y se preguntó qué demonios pasaba. Entonces el hombe habló. --Hola, Akane. Te he llamado para que me sirvas. Su voz era suave y sibilante, y vestía una túnica morada provista de capucha, estampada con el Signo Amarillo. En la cara llevaba una máscara sonriente de azafrán pálido. --Tienes trabajo que hacer --terminó. Ella sintió un estremecimiento ligero al mirarlo; había visto gente vestida así antes, pero esto era distinto. Y antes no había cavernas. --No soy prostituta. ¿Y mi ropa? El hombre chasqueó los dedos, y ella se encontró ataviada con un vestido violáceo en capas, adornado entero con runas amarillas, que incluían al Signo Amarillo. --Viniste a mí como estabas. --Yo no FUI a ninguna parte --dijo ella--. ¿Quién diablos eres tú? --¿No reconoces a tu amo y señor? --preguntó el hombre, sonando divertido. --¿Qué diab...? --Lo miró más--. ¿Qué, eres un mandamás de la Hermandad del Azafrán? Se había enrolado en esta un tiempo; había sido bien entretenido andar haciendo un montón de ritos y poniéndose trajes ceremoniales. Pero no había tenido gran significado para ella; era por pasarlo bien. Cuando todos habían empezado a tomárselo DEMASIADO en serio, había optado por largarse. --Soy el "mandamás", como dices. Soy el Rey de Amarillo, ante quien juraste al entrar en la Hermandad --dijo el hombre. --Claaaro. De casualidad, ¿no eres también el ángel al que NERV le dio una pateadura en una obra teatral de colegio? --No hicieron más que vencer a mi huésped mortal --dijo él--. Pero los mortales no pueden vencer a un dios verdadero. --Hombre, que cagada de sueño que estoy teniendo --dijo Akane--. Y de verdad esperas que haga lo que tú quieras. --Juraste ante mí, juramentos que no pueden revocarse --dijo él, con la voz elevándosele un tanto--. Obedecerás, o pagarás el precio. Tu relación con un funcionario importante de NERV me es útil. Puedes usarlo en beneficio mío, para el logro de mis propósitos. ¿Usar a Makoto por antojo de un trastornado con túnica? --Mira, esto tiene que ser un sueño. Y si no lo es, por ningún motivo voy a darle en el gusto a un dios fracasado al que le dieron la felpa del siglo unos chiquillos que todavía no han echado ni un polvo. Lo pasé bien en la Hermandad, pero eso ya se acabó y seguí con mi vida. Lo mismo deberías hacer tú, y podrías acostumbrarte a ser prisionero. Y quítate la condenada máscara, para poder verte la cara. Me siento como si estuviera hablando con el Fantasma de la Ópera. --Como gustes. Se quitó la máscara, y no había nada detrás de esta, salvo el vacío del espacio, un mar infinito de estrellas. Ella cayó en el vacío, precipitándose por la nada, y una melodía distante gemía lenta entre los mundos, y las estrellas giraban en torno a ella. Una voz la envolvió. NECIA. SOY EL VACÍO OYENTE. SOY EL PRINCIPIO Y EL FIN. SOY LA VOZ DE TODO. SOY EL ALMA DE LOS DIOSES EXTERIORES. ¿CREER PODER ESCAPAR DE MÍ? ¿QUE EL REY DE AMARILLO FUE ALGUNA VEZ OTRA COSA QUE SIRVIENTE MÍO? LO QUE A ÉL DEBES, A MÍ ME LO DEBES. Y entonces estuvo otra vez en tierra firme, dentro de una negrura total. Podía oír pisadas recias en la oscuridad y un ruido de arañazos en las paredes, el sonido de piedra descamándose. Intentó escapar del ruido, pero el ruido la siguió al caminar, luego al correr despavorida, chocando contra muros. Por más que corría, el ruido no se apagaba. Hubo un estallido de luz, luego otro, y braceros se encendieron por todas partes. Pudo ver a un gran simio junto al muro: tenía los ojos descuajados y cerrados de cicatrices; su mano escribía en el muro. Era la letra de ella, el juramento que había hecho ante el Rey de Amarillo, ante Hastur el Innombrable. --No puedes escapar de tu juramento --dijo el Simio Ciego de la Verdad--. Corre cuanto quieras, a donde vayas te seguiré. --Pues demándame si quieres --largó ella. --Niña insensata, ¿tan enamorada estás de él que por su causa te dejas destruir? --le preguntó el Simio Ciego--. SEELE está presto a destruir NERV en nombre de su señor, el Rey del Mar, Cthulhu el Magno. Desde hace milenios sus seguidores han prosperado en las profundidades, y ahora reclamarán la tierra. Aun si me contravienes, no puedes salvarlo a él. No puedes sino condenarte. --Tenía la voz llena de seguridad, y ella se preguntó si este sabía algo que ella no. Pero los Niños habían ganado en todos los demás ataques, ¿no? Con toda seguridad le ganarían al tal SEELE, fuera lo que fuese. --Los Niños te van a matar a patadas. --De seguro sabrás por Makoto lo inestables que son. --Ella sí había oído de él algunos relatos que parecían indicar eso--. Has visto lo que le sucedió a Anna. ¿Crees que a los otros les irá mejor? Perderás. Y SEELE te tomará y te escarmentará por violar tu juramento. ¿Sabes qué pasará? --Nada. Porque vas a perder. --Esperaba tener razón, pero algo había en la seguridad de él, algo que perforaba la voluntad de ella. --Te entregarán a los Profundos, para ser preñada por ellos. Así. El muró emitió un brillo trémulo, y ella vio un grupo de hombres pez lleavarla hasta un dormitorio, donde la desnudaron mientras ella forcejeaba infructuosamente. Intentó cerrar los ojos, pero estos no le obedecían. --¡Carajo, esto es morboso! --largó. --No hacen más que obedecer a sus instintos. Para eso fueron hechos todos, para eso los tienes. Los humanos insisten en el intento inútil de renegar de ellos, lo que solo conduce a sufrimiento sin sentido. Como esto. Si no obedeces, este es tu destino. --Vete a la mierda --cuchicheó ella, tratando de no enfocar la mirada en lo que veía, tratando de no tomar en cuenta el sonido de sus propios gritos. --Esto no es más que una muestra de lo que te espera, si te niegas. Tendremos lo que queremos sin ti, y después padecerás. Obedece, y se te recompensará. Recuerda, sirve y se te recompensará, o niégate y sufre el castigo. --¡QUE TE JODAN! --gritó enfurecida--. ¡NUNCA! ¡NUNCA! --Como desees... Avanzó hacia ella, y ella no podía moverse, no podía hacer nada más que gritar. Entonces sintió que unos brazos la sacudían, y de pronto estuvo desnuda otra vez, pero en su cama, abrazada por un Makoto soñoliento, que dijo: --Akane, estabas gritando. ¿Pasa algo? Ella se puso a llorar. --Tuve una pesadilla horrible... Podía oír la voz del hombre, resonando en su cabeza. RECUERDA QUE SI LE HABLAS DE SEELE Y LO QUE HAS VISTO, TENDRÁS QUE EXPLICAR CÓMO LO SABES... ¿CREES QUE SE FIARÁ DE TI SI SABE QUE JURASTE ANTE HASTUR? ¿QUE QUERRÁ ABRAZARTE Y AMARTE? Eso la hizo llorar más y maldecir el día en que había tenido la idiotez de entrar a la Hermandad del Azafrán. ¿Qué sucedía? ¿Era acaso una pesadilla y nada más? ¿O era real? ¿Y qué diablos podía hacer si lo era? -*- Estaba en el agua. Ritsuko sabía que era un sueño, porque odiaba el agua. Y odiaba el agua porque la hacía sentir cómoda, como ponerse un par de zapatos viejos. Solo que no estaba poniéndose un par de zapatos viejos. En cambio, se estaba convirtiendo en un atroz ser ictioide que se pasaría toda su vida merodeando en las profundidades frías y negras del mar. Odiaba el agua, razón por la cual tenía bastante seguridad de que este era un sueño. Además, estaba entre cientos de Profundos, sobrenadando una ciudad de arquitectura no euclidiana. Sin duda, un sueño de alguna especie, muy probablemente pasando a la categoría de pesadilla. Lo primero que hizo Ritsuko fue mirarse, temiendo lo peor. No era un mutante pálido de ojos saltones. Eso ya era bueno. Intentó hacerse despertar a punta de voluntad, pero no pareció dar resultado. Cuando aquello no sirvió, trató de alejarse a nado, pero los Profundos que la rodeaban se movieron a cerrarle el paso. Los movimientos de estos eran demasiado rápidos, y su número era demasiado grande; obligaron a Ritsuko a seguir el movimiento de todos, bajando en espiral hacia la ciudad. Dos Profundos bastante grandes la flanquearon, aunque parecían más complacidos que amenazadores. Le hablaban ansiosos, con sus voces hoscas, rasposas y guturales. --Has llegado. --Qué bueno. --Ella te espera. --Sí, te espera. Alguien esperaba a Ritsuko. Eso no podía ser bueno. --¿Quién me espera? --preguntó. --La suma sacerdotisa. --Yg'arr'laak la sacerdotisa. --Por aquí, por aquí. Fue conducida por la ciudad hasta una catedral enorme, de piedra gris y vitrales que describían variados momentos de la historia de los Profundos, en tanto el frontis de la catedral presentaba un imponente vitral con el rostro de su temible amo y dios, el ángel "final". El vitral daba luz a un tosco altar de piedra, donde una figura de túnica y capuz estaba de pie, encorvada. La iluminación era escasa, proveniente del tenuísimo brillo que penetraba por desde la superficie, y de extraños gusanos abisales, fosforescentes. Ritsuko miró a sus dos guías, que asintieron ávidos, luego caminó hacia la ominosa figura. La Sacerdotisa dijo: --Hola, hija. Ritsuko sintió que se le helaba la sangre. Quedó sin habla. --Viene el fin de los días --voznó su madre--. Aún estás a tiempo, hija mía. --¡No soy como tú! --consiguió decir Ritsuko por fin--. ¡No voy a ser como tú! --Ya estás a medio camino. Tenía razón. Ritsuko sintió írsele parte de la seguridad. --Aún no es tarde para ti --dijo su madre--. Ni para tus amigos. --¡No los metas en esto! --Ah, pero si te son muy apreciados, y yo no deseo que mi hija se entristezca con sus muertes. --La sacerdotisa mostró una sonrisa mustia, revelando dientes contrahechos e inmundos--. También pueden salvarse. --¿Cómo, "salvarse"? --Pueden volverse como nosotros, como tú serás inevitablemente. ¿Verdad que será bonito? Tus amigos y tu amante, contigo para siempre, libres de la gran criba que viene. Proveniente de fuera de la catedral, sintió el singularísimo sonido de pies marchando bajo el agua. Cuántos eran, no podía precisarlo, pero debía de ser un número inmenso. Sintió un escalofrío bajarle por la columna, y el desespero instalársele en el alma. La madre de Ritsuko continuó, con la voz insoportablemente serena y segura. --Esta historia se ha contado una y mil veces, en un sinfín de mundos. Este no será distinto. Con el tiempo, entenderás lo que debe hacerse, y yo te estaré esperando. Ritsuko quería gritar de rebeldía, decirle que estaba equivocada, que esta vez sería distinto, pero la voz de rechazo se vio ahogada por una asfixiante sensación de pavor, que la sacudió con dudas hasta la médula. ¿Podían de verdad ir esta vez contra lo inevitable? ¿No sería mejor salvarlos por cualquier medio posible, así significara abandonar aquello por lo que habían luchado? ¿Qué honor había en luchar por una causa perdida? ¡No! No se podía dar pie atrás ahora, y ella no iba a traicionar así la confianza de todos. Esto era lo correcto. ¿O no? La sacerdotisa soltó una risa mórbida, estropajosa. --Quizá no estás lista para aceptarlo aún, pero ya verás, a su tiempo. Cuando estés lista, aquí estaré, esperando. La sacerdotisa hizo una señal con una mano pálida, escamosa, un gesto de despedida, y el mundo en torno a Ritsuko se hizo borroso. -*- Estaba en el agua. Le llevó un momento a Ritsuko advertir que no era un sueño. Era su nueva realidad. Estaba en su estanque de descanso, necesario ahora que sus pulmones estaban alterados, ahora que había dado el primer paso de lo que era su destino. La tenue iluminación fluorescente del tanque proyectaba luz escasa y sombras largas por el laboratorio. Junto al estanque dormía Maya, arrodillada en el piso, con la cara pegada al cristal. Ritsuko no pudo sino sonreír un poquito; la cara de Maya parecía un tanto cómica por el lado interior del estanque. --Puedes salvarla --le susurró en la cabeza la voz de su madre--. Estar con ella para siempre. Ritsuko puso una mano suavemente contra el cristal. De no haber estado el cristal entre las dos, podría haberla tocado. De no haber estado bajo el agua, sus lágrimas podrían haberse visto. -*- No había sido fácil hundir todas las tierras. Con el Socavador de las Profundidades muerto, sus hijos se habían desbandado, dispersado, difíciles de controlar. Le había llevado muchos años encadenarlos, uno a uno, y ponerlos a socavar las masas de tierra que se habían atrevido a desafiar la supremacía de los mares. Pero esta vez, esta vez habían tenido éxito. Los Antiguos, que amaban la tierra y los cielos, ya no estaban para oponerse a ellos. Muchas de las ciudades de antaño estaban en ruinas, sumergidas. Pero no importaba: eran inferiores. Los monos ya no estaban, y era necesario que sus obras tuvieran el mismo fin que ellos. Razón por la cual Asuka estaba destazando las ruinas de una de las ciudades hundidas de los monos. Recordaba difusamente otra época, en que esta se había llamado Berlín. Ahora era un cúmulo amorfo de piedra, metal y vidrio fragmentado. Con sus poderes, era fácil extraer los materiales útiles y destruir los demás. No había fuego aquí en el nuevo mundo marino, más que el dominado por ella y los demás Niños. El fuego que llamaban únicamente al servicio de su amo, el Gran Señor de las Profundidades. Con una incisión, Hikari se abrió un brazo, y diminutos hilillos de sangre se diluyeron en el agua y se volvieron gusanos, que empezaron a alimentarse de la piedra y el cemento, creciendo velozmente en tamaño y horadando galerías en los despojos. Excretarían minerales útiles y usarían los demás para nutrirse. Era luego trabajo de Asuka fundir los minerales a la forma de lingotes para que fueran transportados por los medianos, la más baja forma de ganado, constituida por los seguidores del Gran Señor. Algunos xothianos marchaban por doquier, gritando órdenes, como si ellos hubieran importado más que los medianos. No eran sino niños, que jamás se igualarían a los Cinco Señores de los Elementos, mucho menos al Gran Señor. Pasaban mucho de su tiempo en letargo, gozando los sueños que les brindaba su padre. Débiles, pensó Asuka. Pero por esa razón son sirvientes también. Asuka esperó, impaciente, arrasando con descargas desganadas porciones de la ciudad en su espera. Esperaba a medias que algo hostil surgiera, con tal de tener algo que hacer. Unos brazos la rodearon desde atrás, unos colmillos le mordieron delicadamente el cuello, unas alas la envolvieron. Rei estaba excepcionalmente lasciva hoy, al parecer. Lo cual normalmente era bueno, pero el Gran Señor tendía a enfadarse si el sexo retrasaba los trabajos que ordenaba. Tomó una mano de Rei, se la llevó a los labios y le pasó la lengua por toda su longitud, de la punta de los dedos a la muñeca. Luego dijo: --¿No deberías estar ejecutando a los aldebarianos? Los molestos habitantes de Aldebarán no cejaban en sus intentos de establecer bases flotantes en la superficie, como si aquel planeta no hubiera sido ya conquistado. Asuka deseó la extinción de aquellas lacras, puesto que el devorar a sus líderes siempre producía en Rei un aliento fétido. Los sentidos de Asuka eran demasiado sensibles como para soportar aquello. --Pronto vendrán en masa --resolló Rei contra el cuello de Asuka--. Ahora tengo hambre. --Después --dijo Asuka--. Tengo trabajo que hacer. Cómete algunos medianos si te hace falta. Y entonces Rei se marchó, dejando huellas de agua. Asuka sintió la primera muerte en los confines de su mente y sonrió un poquito. Los medianos hablaban de Rei en cuchicheos; nada que hicieran podía detenerla. Se decía que los que Rei mataba seguían viviendo en ella. Tenían razón. Rei, Asuka, Shinji, Hikari, Toji: todos contenían multitudes. Cada alma que consumían se volvía parte de ellos. Ella ya estaba acostumbrada al caos de voces, que a veces podía ser relajante. Rei daba inmortalidad a los que mataba, porque estos vivían en ella para siempre, siendo que en otras circunstancias hubieran perecido y pasado al olvido. Lo que hacía era un acto de bondad. Asuka recorrió con la mirada el trabajo de los medianos, y encontró que uno se quedaba atrás. Bajó una mano y lo asió; lo levantó y lo miró a los ojos. El especimen pataleaba desesperado. Siempre lo hacían. Algo tenían los humanos, algo que hasta sus descendientes mestizos habían heredado, y que era todo cuando quedaba de la humanidad. Algo que se resistía desesperadamente al enfrentar el fin inescapable. Era la clase de estupidez que había afianzado la necesidad de destruir a la humanidad, la eliminación de los hombres y el uso de las mujeres para criar nuevas generaciones de medianos, hasta que las mujeres hubieron muerto de viejas y solo quedaron los medianos. Podía recordar esos días, de meterse una decena de hombres en la boca al mismo tiempo, para masticarlos despacio, a fin de paladear el sabor. La sangre había sido más dulce que la de los medianos. Shinji insistía en sus intentos de encontrar una manera de hacerlos más sabrosos, pero el sabor inferior parecía ser inherente a las adaptaciones que requerían para habitar bajo el agua, al estar tan atados a las viejas reglas del sistema solar de la Tierra, de las cuales dependían, a diferencia de sus amos. Miró al seudohombre, divertida, con la intención de que el terror fuera su castigo. Pero la mordió. Apenas le dolió, pero esto indicaba un grado de rebeldía que ella no iba a tolerar. Se lo llevó a los labios, le capturó la cabeza entre los dientes, sosteniéndola firme. Luego, despacio, muy despacio, mordió, sintiendo la carne abrirse bajo el filo de sus dientes. Dejó que llamas diminutas lamieran por entre sus dientes mientras el hombre daba alaridos de sufrimiento. El sonido de su agonía era placentero a los oídos de ella. Saboreó el gusto a dolor del mediano, su certeza de que este era el final de su vida. Podía haber tomado su alma, pero no lo valía. En cambio, despacio, amorosamente, le partió la cabeza por la mitad con los dientes, luego succionó los sesos y empezó a devorar la carne, cociéndola con sus fuegos. Pronto, demasiado pronto, no quedó nada de él. Sintió un estremeciemiento; no era prudente el permitirse sentir excitación cuando tenía trabajo que hacer. Luego sintió algo más, una extraña sensación de horror y culpa. ¿De dónde venía? No se trataba de que hubiera desobedecido al amo. Estaba en su pleno derecho. Los medianos existían para servir y para morir cuando era necesario. Tenían suerte de que se les permitiera seguir existiendo, pero el Gran Señor era a veces muy sentimental con aquellas cosas insignificantes, lastimosas. Persiguió a las ideas, preguntándose si alguna de las almas de que era dueña se estaba insolentando nuevamente. Hurgó en lo profundo de sí, sondeando por miles de almas, siguiendo la huella de emociones que se iban fortaleciendo. Había algo..., una cosa suave, sobre la cual el alma yacía, en una habitación levemente fría...: una humana, una de las almas más viejas. Hacía mucho que no devoraba un humano verdadero, porque se habían extinguido en el mundo de la vigilia, y había algo... algo que se movía en la cara de la mujer acostada en la cama. Y entonces Asuka despertó, al caerle desde el techo una cucaracha en la cara. La carbonizó en un momento de terror, luego se incorporó. Los recuerdos del sueño le produjeron arcadas. Dominó a sus fuegos, desesperada, antes de que incineraran la cama, poniéndose en pie de un salto; se estremeció. Abrió de golpe la ventana y saltó afuera, haciendo surgir alas de flama, huyendo del recuerdo. El primer fragor del espanto se disipó, y dio la vuelta; volvió y aterrizó en la azotea, tiritando. Antes muerta que convertirme en eso, se dijo. Le sorprendió ver, al posarse, que Rei se incorporaba. Había estado acostada en la azotea, supuso Asuka, pero por algún motivo no la había visto. Asuka empezó a elevarse. No quería estar ni cerca de Rei, aunque, por un momento, recordó su abrazo, el mordisco tierno, el... Sacudió la cabeza, pero mientras ella daba media vuelta, Rei dijo "Quédate". Un momento después, dijo "Por favor". Asuka dudó. No quería pasar más tiempo que el necesario cerca de Rei, pero parte de ella quería quedarse. Era la parte que a ella no le gustaba en lo más mínimo, la parte de donde venían los sueños aberrantes como el que acababa de tener. Tiritó. --Tuve un sueño --dijo Rei, y empezó a describir un sueño, de un mundo sumergido, donde solo quedaban los Profundos. Mientras escuchaba, Asuka pudo verlo traslapado con su respectivo sueño, y se preguntó por un momento si los demás Niños lo habían tenido también. --Sí --dijo Rei. --¿Sí qué cosa? --preguntó Asuka, sobresaltada. --Todos lo soñamos --explicó Rei--. Viene el fin. La sangre llama a la sangre. Compartimos. Asuka tiritó más. No quería compartir sueños con Rei. --¿Y por qué no están aquí? --preguntó. --Vendrán, pronto. Nuestra sangre llama a la de ellos. --¿Pero por qué no ahora? --preguntó Asuka. --El lazo tuyo y mío es más fuerte --dijo Rei, con algo de tristeza--. Porque nosotras... --¡NUNCA HEMOS CREADO UN LAZO ENTRE NOSOTRAS, POR NINGÚN MOTIVO! --gritó Asuka, airada, con llamas estallando en torno a ella--. Lo que me hiciste... --La sangre, el Mancillador, nos llamaron a unirnos --dijo Rei--. Quisiera que hubiera sido con Shinji. Asuka cuchicheó rabiosamente: --Shinji es mío. Rei la miró con aire nervioso, lo bastante nervioso como para que parte de la rabia de Asuka se apaciguara. --Quisiera... --Pues no es para ti --dijo Asuka--. Él es MI novio. --¿Sería posible que...? ... Hay cosas que... Los ojos de Asuka se engrandecieron: --¿Estás loca? ¡Aunque no me hubieras violado, esa clase de cosas las hacen los enfermos y los degenerados! En su mente vio un chispazo de algo. No podía ser un recuerdo, pues sabía que no había ocurrido. Era solo una imagen de ella en una cama, con Rei abrazándole el cuerpo desde atrás, besándole el cuello, mientras Shinji bajaba a besos por su abdomen. Los ojos se le agradaron y expulsó aquella imagen de su mente. Ella no iba a hacer una cosa así con otra chica, y SOBRE TODO no con Rei. --Compartimos la sangre --dijo Rei con una voz casi desesperada--. Debes sentir el llamado. --¡NO SIENTO NINGÚN LLAMADO! --dijo Asuka--. ¡Y no pienso compartir mi novio contigo! --Carajo, Shinji, muchos hombres matarían por un convite así --dijo Toji. Asuka se inmovilizó y vio que Shinji, Hikari y Toji se acercaban por la azotea. Shinji parecía abochornado: --Claramente no estaban hablando de mí. --Hablábamos de ti --dijo Rei. --¡No HABLÁBAMOS de ti! --largó Asuka. --Uy, que audacia --dijo Hikari, un poquito sonrojada. Tengo que hacer algo, pensó Shinji. No las puedo dejar que peleen de nuevo. Se acercó y tomó a Asuka de la mano. --Estoy seguro de que Rei bromeaba --le dijo a Asuka, sabiendo que no se trataba de eso. --¿Que bromeaba? ¿Después de lo que HIZO? --demandó Asuka. --No nos podíamos contener --dijo Shinji, y le dio un beso en la mejilla--. No peleemos, ¿sí? --Bueno --dijo ella, sintiéndose contrariada, pero complacida de que Shinji la besara delante de todos. Ahí aprendería Rei. --¿Estamos aquí arriba por alguna razón, o es por el gusto de helarnos el culo? --preguntó Toji. --Las estrellas nos llaman --dijo Rei--. Llega la hora. Las estrellas están prontas. Miraron al firmamento y se preguntaron a qué se refería Rei. -*- La sensación de desasosiego que los había despertado en plena noche se prolongó hasta después. Hikari y Toji no parecían muy bien descansados al caminar por la base de Nerv. Su andar era sensiblemente más lento, tenían la vista turbia y la mirada perseguida. --Toji, tengo miedo. --Sí, lo sé. Yo también. --Es que tengo un presentimiento de que... de que... --De que se viene el final. --Sí. El muchacho le tomó una mano y se la apretó suavemente. Siguieron andando. --Los sueños se han ido poniendo peores --dijo Hikari--. A veces tengo sueños como el de anoche. Otras veces sueño con mi familia, que muere otra vez. --Tembló. --También he tenido sueños asquerosos --contestó Toji--. A veces nos morimos todos, a veces somos todos monstruos y los que matan somos nosotros. Hasta he soñado con Kensuke. --La expresión se le hizo sombría y la frustración le agrió la voz--. Me trata de hablar, pero no lo puedo escuchar. Es como si me quisiera avisar algo. --¿Qué cosa? --No sé. Algo. --Que viene algo malo. --Eso. --Sea lo que sea el próximo ángel... --Sí, bueno, sea lo que sea el próximo ángel, le vamos ganar --dijo Toji con decisión renovada--. Les ganamos a todos antes, y les vamos a ganar de nuevo. ¿Y qué si el que viene es más grande y más malo? ¿Sabes qué? Nosotros también. Hikari se apoyó contra Toji y sonrió un poquito: --Sí, tienes razón. Y así, de mejor ánimo, llegaron a destino, el hospital de la base, a visitar de nuevo a Mari, la hermana de él. El ánimo se les aplastó otra vez a poco de entrar a la habitación, al verla encorreada a la cama, con la mirada desenfocada. --¿Qué carajo es esto? --preguntó Toji, logrando apenas no alzar la voz--. ¿Por qué la tienen atada así? --Lo lamento, señor Suzuhara, pero ha estado teniendo delirios cada vez más fuertes. Tuvimos que asegurarla a la cama y sedarla por su propia protección. Toji apretó los dientes, mirando el piso. Su hermana parecía no darse cuenta, murmurando incoherencias con la mirada pegada al techo y los ojos vidriosos. Toji acercó una silla a la cama y asió la mano de su hermana. Hikari se situó detras de él, con las manos en los hombros de Toji. --To...ji --murmuró Mari. Toji le sujetó una mano con las dos suyas, y trató de no sonar triste al hablar. --Estoy aquí, manita. La cabeza de Mari se mecía como suelta, de izquierda a derecha, con los ojos todavía vidriosos. --To...ji... sálva...me --Estás bien, manita. Estás bien. --Escapa... escapa... --Manita, no pasa nada, estamos todos sin peligro, ahora estamos en la base Nerv de Alemania. --Todos... mueren... escapen... --Pobrecita --musitó Hikari--. Parece que está recordando cuando cayó Tokio-3. Toji asintió. --Manita, todo anda bien, descansa por ahora. Y si viene algún monstruo feo, lo mato. Los ojos de Mari lograron por fin fijarse en Toji, y trató de hablar otra vez. En cambio, el efecto de los sedantes le abatió la conciencia, y volvió a hundirse en la cama, laxa. Toji le dio un beso en la frente y le ajustó la manta. --Trata de tener sueños buenos, hermanita. Y no te preocupes más, que yo te voy a proteger. -*- --¿Tenemos certeza de que se puede combatir a estos "Profundos" con fuerzas convencionales? --preguntó Ingrid, escéptica. --Si bien un Profundo puede con casi cualquier humano cuerpo a cuerpo, se queman y estallan y mueren a tiros como todos nosotros --dijo Fuyutsuki--. Y no tienen, hasta donde sabemos, nada que iguale la capacidad de un buque acorazado moderno, aunque sí podemos esperar que comanden grandes cantidades de vida marina, y posiblemente algunas criaturas bastante potentes. Será todo peor si grandes cantidades de esbirros de Cthulhu se despiertan antes de que podamos eliminarlo. Sus hijos son muy potentes y tienen poderes extraños, que no son de este mundo. Ritsuko dijo: --Habrá que confiar y valerse de fuerzas convencionales. Porque no tenemos nada más, además de los Niños, y ellos tienen que combatir a Cthulhu en persona. --Se ajustó un poco la abrazadera del cuello. La necesitaba para recibir el agua que requería en las branquias, pero era muy incómoda, y tenía que ajustarla seguido. Ingrid la miró con cara de recelo. Ahora todos sabían de su linaje impuro. No podía ocultarse. Y el saberlo teñía las actitudes de todos, aunque algunos lo escondían mejor que otros e intentaban hacer caso omiso de la repulsión. --Y como tenemos el Sicigia, no importa mucho. Carecen completamente de capacidad de aérea --dijo Maya--. Pero pueden operar fuera del agua, al poseer tanto branquias como pulmones. Miró a Ritsuko, un tanto preocupada. Ritsuko no podía imaginarse cómo era Maya capaz de seguir queriéndola, pero así parecía ser. Quizá la inocencia sí podía conquistarlo todo, aunque a Ritsuko le costaba creer en la inocencia. Ritsuko trató de imaginarse a Maya como sirena, luego encontró la imagen atractiva, en lugar de repelente como había esperado. Se estremeció con eso. ¿Cuánto de su mente estaba influenciada por el cambio? ¿Llegaría a verlo como normal? Rogó por que algo pudiera hacerse, aunque no tenía a quién rogar. Ningún Dios podía permitir algo así. --El mando táctico operará desde el Sicigia --dijo Fuyutsuki--. Se coordinará vía satélite con nuestra base de aquí para proporcionar todos los datos necesarios que se encuentren por sobre las capacidades del Sicigia. Las fuerzas navales de Naciones Unidas contendrán a los Profundos mientras operamos. --¿Qué se hará respecto a Y'nagg'houlei? --preguntó Ritsuko. --Se efectuarán ataques simultáneos a toda ciudad de Profundos que podamos encontrar --dijo Fuyutsuki. Ya era muy tarde para seguir engañando a SEELE, pensó. Mejor golpear mientras era posible y debilitar sus fuentes de fuerza--. Y estos ataques serán simultáneos a nuestro asalto en el Pacífico. Y perecerán. --¿Tenemos fuerzas suficientes? --preguntó Misato. --Dando por hecho que las armadas cooperen como corresponde, sí. Por suerte, los Profundos tienen solo unas pocas ciudades mayores. --Rogó que ese fuera el caso. Podía fácilmente haber otras no conocidas ni en los textos antiguos. En cuyo caso las cosas podían ponerse feas. Pero se pondrían feas de todos modos. El rito... ¿Sería capaz de llevarlo a cabo? El Rey del Mar tenía el poder de controlar los sueños. Su alzamiento tocaba mentes del mundo entero. Su poder, sumado al poder de los Niños, les daría la facultad de moldear los sueños del mundo, de dar una nueva forma a la humanidad. Si la tradición antigua estaba en lo correcto, aquel poder era posible de guiar por alguien con el conocimiento adecuado y la sabiduría necesaria. Las Evas habían sido preparadas por él y por Gendo para posibilitar aquello. Podrían propiciar una edad de oro, si todo salía bien, y crear al mismo tiempo guardianes para esta. La humanidad tendría dioses propios, enlazados con los intereses de ella, para protegerla en un universo que mucha veces era hostil. Los ángeles que quedaban podían ser cazados y expulsados; nada resistiría ante los Niños, más que los Dioses Exteriores mismos. Y aquellos que conocían las fórmulas y procederes correctos podían expulsar incluso a estos, pues las leyes que dan poder a los Dioses Exteriores también los controlan. Eran todos poderosos, pero menos libres que un humano. Y él lideraría a los dioses. Si querían seguirlo. Quizá era mejor que Gendo hubiera muerto: no había sabido llevar a la gente, había dependido demasiado del dominio de lo oculto para hacerse con el rol de líder. Pero Fuyutsuki temía que no era prudente confiar demasiado en ganar el control sobre los Niños de la forma que habían planeado. Podía guiárseles, conducírseles, pero no dominárseles. No ahora. No podía esperarse obtener la obediencia de dioses, y en eso se estaban convirtiendo. Y él se convertiría en uno de ellos, si era posible, para robar el fuego divino. Y quizá, al menos en el reino de los sueños, tendría entonces el poder de traer de regreso a Gendo y a Yui. Y habría paz. Quizá estoy loco, pensó. Los riesgos eran increíbles. Pero solo alguien con el conocimiento y sabiduría de él podía hacer las elecciones que debían hacerse. Era peligroso, muy peligroso. Pero si no lo intentaba, los riesgos eran demasiado grandes. El poder que imbuía a los Niños, por sí solo, los corrompería a la larga. Tal vez lo corrempería incluso a él. Pero no veía otra salida. Salida... -*- Megumi se paseaba por los terrenos de Nerv-Alemania, con los nervios hechos trizas. Todos los demás parecían calmadísimos con todo, pero ella no estaba acostumbrada al combate. Aunque aún no ocurría ninguno. Aunque no tenía por qué haber violencia ahí en la base. Se preguntó de nuevo por qué Ibuki Maya la había designado a ella, de entre todos, como elegida para quedarse en la base a reportear el progreso de la batalla. Era japonesa, y podía por tanto hablar con los pilotos y muchos del personal; tenía que ser en parte por eso. Pero tal vez... ¿creían que ella sabía cosas? Tal vez era eso. Tal vez querían eliminarla de forma discreta. Sacudió la cabeza. Miedos ridículos. --Hola, Kunzama-san --dijo una voz femenina. Se asustó y casi se cae, luego se controló. --Ah, hola --dijo--. ¿Cómo te va? ¿Hikari, verdad? --Sí --dijo Hikari--. ¿La ha pasado bien en la visita? --Más o menos. Todos parecen tan valientes y tan sin miedo. Me siento un poquito inadecuada --confesó. Hikari se acercó más. --No tenga miedo. Aquí no hay peligro, la batalla es lejos. --Suspiró--. Pero la entiendo. A mí también me da miedo. Todavía no soy tan hábil como los demás. A veces me preocupa meter las patas y que todos salgan lastimados por mi culpa. --Bueno, hasta ahora tu desempeño es impecable, según sé --dijo Megumi--. Te irá bien, no me cabe duda. Hikari sonrió. --Gracias. En serio, aquí no hay peligro. En el puente de mando habrá buena vista del combate, y verá todo lo que hagamos. --Ojalá. De mí depende captar todo para la posteridad. Ojalá mi cámara aguante --dijo Megumi. --¿Se acordó de traer baterías nuevas y cámaras de repuesto? ¿Revisó la película? Hikari se explayó con una lista larga de las cosas que Megumi debía considerar para estar preparada. De las cuales ya tenía la mitad. --Vaya, ¿has trabajado en periodismo? --le preguntó Megumi cuando la lista por fin terminó. --Un poquito. Pero más que nada soy buena para la planeación --dijo Hikari--. No me gusta combatir porque todos los planes salen al revés. --Se apoyó en un aparcadero de bicicletas adyacente, con las manos en uno de lus tubos curvos. Megumi anotó aquello: --¿No hay un dicho sobre eso? --Tal vez. Kensuke se habría... --La cara de Hikari se derrumbó--. Él sabría si estuviera vivo. --Ese fue el niño que... --Sí --dijo Hikari, luego perdió la mirada en un punto lejano del recinto--. No era muy amiga de él cuando estaba vivo, pero ahora ya no está y es... Una no espera que la gente muera. --Apretó los tubos con las manos--. Estoy harta de que la gente muera. Megumi vio, incapaz de mirar hacia otro lado, a los tubos torcerse en las manos de Hikari. --¿Conocías bien a Anna? --le preguntó con cierto nerviosismo. --Asuka era la más amiga de ella, pero creo que no le conviene preguntarle --dijo Hikari, tensa--. Anna no tuvo la culpa de las cosas que dijo. La había poseído un ángel. Megumi oyó aquello y se preguntó si no sería solo lo que la niña quería creer. El poder corrompe, pensó. Y tener poderes divinos debe de corromper aún más. Anna no había dicho nada que no pudiera atribuirse a alguien cuyo poder se le hubiera subido a la cabeza. --¿Tú y Suzuhara Toji son pareja, verdad? Hikari se sonrojó un tanto: --Eso. --Hizo una pausa--. Digo, así es. Parece que me está pegando la manera de hablar. Megumi sonrió un poquito. --Así son los hombres. Pero sin duda tú también le pegarás más de algo. Hikari pareció muy abochornada, luego Megumi se abochornó también. --¡No estaba insinuando nada! --protestó Megumi. --Sí... lo sé. Es que... ando muy nerviosa. --Yo también --dijo Megumi--. ¿Te gusta ser piloto? --Lo detesto. Detesto la violencia, detesto pelear, detesto a estos monstruos. Pero voy a hacer que PAGUEN por lo que han hecho --dijo Hikari con la voz dura--. Porque los detesto más de lo que detesto pelear. Anotar, anotar. --Perdiste a tus papás en los disturbios que acompañaron a Adán, ¿verdad? --preguntó Megumi. Las manos de Hikari se apretaron en torno a los tubos, que se partieron. --¡CARAJO! --Tiró las secciones de tubo al otro lado del recinto, luego se cubrió la boca con una mano--. Sí. Y no quiero hablar de eso. Megumi dio un paso atrás, asustada por la luz que Hikari tenía en los ojos. --Está bien. No te molesto más. --Bien --dijo Hikari, con gesto resentido. Megumi se escurrió en silencio y decidió tener más cuidado con las preguntas en el futuro. -*- --Aquí está el informe --dijo Maya, extendiéndole la carpeta a la doctora Himmelfarb--. Hasta ahora, los resultados son contradictorios. La doctora Himmelfarb ya sospechaba aquello a partir de sus propias observaciones. Se sentó a revisar los resultados. La sangre de Eva había tenido cierto efecto terapéutico, pero su uso era enormemente riesgoso. Cerca de un quince por ciento de los tratados con ella se recuperaban de las mutaciones. Otro quince por ciento tenía ahora pelo de colores insólitos, como morado y limón. O colores de piel inusitados. Un cinco por ciento presentaba rasgos físicos singulares o capacidades síquicas de orden menor, como la facultad de iniciar pequeños fuegos o a veces oír los pensamientos. Un cincuenta por ciento seguía con las deformaciones o empeoraba. Y un diez por ciento de los afectados moría rápidamente de mutaciones atroces o se convertía en algo que luego había que matar. Miró de soslayo a Ritsuko, que estudiaba unos análisis de sangre. La abrazadera que llevaba en el cuello para las branquias parecía funcionar bien, permitiéndole salir de su estanque-dormitorio por períodos largos. Le producía a la doctora Himmelfarb una aversión visceral, pero hacía lo posible por ocultar toda repulsión o miedo, porque en el fondo sabía que Ritsuko no se merecía injusticia por causa de su aspecto. Aspecto que no impedía a Maya llegar como ahora y darle un beso en la mejilla. Ritsuko pareció como si se hubiera puesto colorada, de aún tener la capacidad de sonrojarse. --Hay gente --murmuró. Maya dijo: --Creo que podríamos necesitar a alguno de los Niños para que nos asista. Podrían ser capaces de usar el poder tomado de Adán para refinar nuestros extractos. --Pues trae a uno --dijo Ritsuko. --Humm --dijo La doctora Himelfarb. --¿Qué? --preguntó Ritsuko. --Creo que la mejor sería Asuka. Tiene el mayor conocimiento científico. --Siempre y cuando se controle, no veo problema. --Muy bien, voy por ella, entonces --dijo Maya--. Vuelvo enseguida. -*- --Ahora, hermanos, unámonos de las manos e imbuyámonos del incienso sagrado... --dijo el Maestro Wu. Akane lo miraba desde detrás de su máscara, fingiendo aspirar el incienso. Uno no se puede "imbuir" de incienso, pensó. Vaya farsante. Aunque por otro lado, en esta sociedad ridícula son todos mentecatos o vinieron para reírse un rato, como yo. Pero aquí estaba ahora, porque no sabía qué más hacer. Trató de evitar las náuseas; siempre había detestado el incienso. Todos los demás parecían estarlo aspirando profundamente. Manada de zombis fanáticos, pensó. --Nuestro amo desea que hagamos lo siguiente... --El Maestro Wu describió los planes con todo detalle , y Akane escuchó, sintiendo que el cerebro le daba vueltas y vueltas. No le puedo hacer eso a Makoto, pensó. Ya no. Ahora lo quiero. Me acerqué a él porque me dijeron que lo hiciera, pero... A la mierda con esta boludez. A la mierda. Pero no podía. La secta estaba por todo el mundo, al parecer; la habían encontrado a pocas horas de tener aquel sueño; no podía ser coincidencia. Solo Nerv podía protegerla, pero ¿protegerían a una sectaria como ella? Misato tal vez me odia, pensó. Por robarle al hombre que quiere. --Escucho y obedezco --dijo Akane, sin ganas más que de irse al diablo. La reunión se dispersó pronto y ella partió por los corredores en penumbra. Se despojó de la túnica y la colgó en una percha del pasillo. En cierto momento, le pareció ver movimiento a nivel del piso, como un derrame de petróleo extendiéndose, pero cuando miró no había nada. Suspiró. Ahora me estoy imaginando cosas. Siguió por el pasillo. No puedo hacer esto, pensó. Ya no. Que se cague este culto. Tengo que... Carajo, incluso si le sigo la corriente a la secta, es muy posible que Nerv me mate. Tal vez sería mejor ir a decírselo todo a Nerv, porque así no viviría y no tendría que hacerle daño a Makoto. Los demás no le importaban tanto. Pero él era distinto. Le había dicho que fuera tras Misato, pero ahora sabía que no hubiera estado contenta si él lo hubiera hecho. Manerita de escoger mal el momento para enamorarse, pensó. Pero ¿me querrá de verdad? Ahora Misato quiere con él, pero él se queda conmigo... Pero tal vez se queda por culpa... Sacudió la cabeza, luego oyó un estrépito. Se volvió a tiempo para ver que se había caído un paragüero. Pasé de largo junto al paragüero y no me di cuenta, pensó Akane. Tengo que poner atención. Oyó cánticos a la distancia. Manada de tarados, pensó. Recogió su paraguas del piso, luego dio media vuelta para marcharse. A la mierda estos desgraciados, y a la mierda don Vacío Oyente de los sueños o como mierda se llamara. Vamos a ver qué tan valiente es para hablar cuando Nerv haga volar a su famoso Cutulo o lo que fuera esa cosa de la que hablaba. Salió hacia la lluvia a paso furioso. Se había alejado tres metros de la puerta cuando se percató de que la había dejado abierta. Se volvió a cerrarla, pero la puerta ya estaba cerrada. Debe ser el viento, pensó, luego partió de nuevo, enrabiada. -*- --Ahh, ahí estás, Asuka --dijo Misato al entrar Asuka a la sala de conferencias. Todos los demás ya habían llegado y esperaban. --Estaba ayudando a la doctora Himmelfarb --contestó Asuka. La doctora Himmelfarb entró y se sentó junto a Misato: --Mis disculpas por el retraso. Nos estaba ayudando a trabajar con la sangre de Eva. Misato dijo: --¿Y hay resultados? --Menos muertes --dijo la doctora Himmelfarb. Toji se rió unos segundos hasta que se dio cuenta de que no debía, luego puso cara de vergüenza. Asuka se sentó junto a Shinji y le tomó una mano. --Tal vez con más práctica lo puedo hacer mejor --dijo--. Aunque creo que una mejora de cinco por ciento en la cantidad de éxitos es un buen comienzo. --Sí, lo es --dijo la doctora Himmelfarb, y suspiró--. La doctora Akagi llega pronto. Tuvo que ir por un tanque nuevo. --Hmm, ¿no hay manera de construir algo que le reoxigene el agua mientras lo lleva puesto? ¿Conectarle una de esas botellas de oxígeno? --preguntó Shinji. La doctora Himmelfarb pareció sorprendida, luego dijo: --Experimentamos con eso, pero pesaba mucho. Es más fácil simplemente cambiar los tanques periódicamente. La mitad de las veces no puedo olvidar que tienen catorce años, y la otra mitad no me puedo acordar de que tienen catorce, pensó. Shinji asintió. Entró Ritsuko. --Perdón por el retraso. --Descuida --dijo Misato--. Muy bien. Pronto salimos al Pacífico Sur en el Sicigia, a la ubicación donde surgirá el próximo ángel. Oannes, el Ángel de las Aguas, es el nombre clave, aunque algunos documentos antiguos lo llaman por varios nombres, como "Cthulhu". --Le costó el nombre. Asuka le corrigió la pronunciación. --Así lo decían en Xoth, al menos. --Se interrumpió y abrió los ojos de par en par. Todos miraron la mesa un momento, luego Ritsuko dijo: --Asuka está en lo correcto. --Tenía el ceño fruncido. --Bueno, emm, eso. En fin, el ángel tiene como sirvientes a un grupo de seres de su mundo, conocidos como "Vástagos de Estrella" --dijo Misato--. El nombre clave que les daremos es "Dominios". También son sus sirvientes la raza conocida como "Profundos", que parecen ser una rama de la humanidad con alteraciones genéticas. Ritsuko tomó la palabra. --Los "Profundos" habitan en ciudades submarinas. Son anfibios. Pueden reproducirse entre ellos, pero también pueden a veces cruzarse con humanos, lo cual ha sucedido anteriormente en comunidades marítimas aisladas. Típicamente eso termina en alguna clase de desastre. --Como Innsmouth --dijo Asuka. --Así es, aunque lo de Innsmouth fue resultado de destrucción por parte del ejército estadounidense en lugar de simple autodestrucción. Como resultado, la mayor ciudad de Profundos en el Atlántico Norte quedó en ruinas, y su presencia en esa zona ha sido débil desde entonces --dijo Ritsuko--. Esta vez el ataque a los Profundos será efectuado por fuerzas de la ONU, y podría incluir lanzamiento de misiles nucleares tácticos a la ciudad principal del Pacífico Sur, aunque nos gustaría evitar toda contaminación oceánica con material radiactivo, de ser posible. Hikari mostró un gesto de horror, al igual que Shinji y Toji. Asuka se limitó a fruncir un poco la cara, en tanto Rei no hizo sino asentir con la cabeza. --Cthulhu habita en una ciudad hundida que surgirá a la superficie cuando sea hora de que él camine por la Tierra. Su venida se presagia en los sueños, dado que su mente toca las mentes de muchos, y la sangre de su pueblo canta en las venas de muchos, así sea débilmente. Mientras la milicia de la ONU ataca a sus lacayos, ustedes deberán pelear contra él, y posiblemente contra sus dos sirvientes Profundos más fuertes; el Padre Dagón y Madre Hidra, que son Profundos como del tamaño de las Evas. --... --Los Profundos crecen muy despacio durante toda su vida. Unos cuantos crecen hasta tamaños prodigiosos, pero la mayoría muere antes de llegar a ese tamaño. Y viven prácticamente una eternidad. --Carajo --dijo Toji--. ¿Pueden generar campos AT? --Sí --dijo Ritsuko--. Aunque son más débiles que su amo. Muy probablemente cualquiera de ustedes puede contra ellos. --Shinji, Rei y Asuka harán la ofensiva contra Cthulhu --dijo Misato--. Mientras, Toji elimina a Dagón, e Hikari despacha a Hidra. Cuando terminen las peleas de ellos dos, se pueden sumar a los demás Niños para el golpe de gracia. --Hombre, estos hijos de puta no se acaban. ¿Alguien sabe cuántos van quedando? --preguntó Toji. --Vocabulario --dijo Ritsuko, fuerte. --Eh, perdón, Akagi-san --dijo Toji. --Nos acercamos al final, o tal vez incluso el final es este, si se puede confiar en las profecías antiquísimas --dijo Ritsuko--. Puesto que todas fueron hechas por desquiciados que adoraban a monstruos extraterrestres, yo desaconsejaría confiar en ellas. Pero no hay un número infinito de ángeles, o, como les llaman ciertos textos, "Grandes Antiguos". A menos que vengan más del espacio, cosa que temo es posible, creo que estamos cerca del final. --Amén --dijo Asuka. Lástima que no hubieran terminado antes de que poseyeran a Anna. Sintió volver el desconsuelo y asió la mano de Shinji como quien aferra un salvavidas--. Quisiera que todo hubiera terminado antes. Misato suspiró. --Yo también. Pero no vamos a perder más gente si podemos evitarlo. Y si tenemos suerte será nuestro último combate, al menos por un tiempo. --Hay que encontrar a Nyarlathotep --dijo Asuka con una voz fiera--. Y hay que hacerlo PAGAR. --Es posible que eso escape a nuestros recursos --dijo Ritsuko--. Aunque adhiero a tu sentimiento. --En los textos salen unos ritos... --empezó Asuka. --Son textos que él dictó. O que fueron hechos por desquiciados. No me fío mucho de ellos --dijo Ritsuko--. Como dicen, "No has de llamar lo que no podrás expulsar". --¡No podemos hacer nada! --dijo Asuka--. ¡Ya vio lo que le hizo a Anna! Ritsuko la miró con gesto tranquilo. Asuka la miró de arriba abajo y sintió que la rabia se le desmoronaba. --Perdón --dijo Asuka, y volvió a mirar la mesa. --Sé que querías a tu amiga, pero no puedes dejar que eso te haga tonta --dijo Ritsuko--. Eso es lo que él quiere, no me cabe duda: que perdamos el control y sucumbamos a nuestros instintos. Habrá que hacer algo respecto a él tarde o temprano, pero por ahora no hay nada que podamos hacer, y tenemos otros problemas más urgentes que sí podemos solucionar. Shinji tiró de Asuka y se la acercó un tanto. --Vamos a encontrar el modo, Asuka, te lo prometo. --Yo también se la tengo jurada a todos esos desgraciados --dijo Misato--. Y voy a hacer lo posible por que así sea. Pero vamos de a un combate por vez. Ritsuko, por favor termina tu informe. --Si suponemos que mi investigación es confiable, aunque, por basarse en desvaríos de desquiciados y embusteros, muy probablemente es cuando mucho mitad verdad, Cthulhu es como del tamaño de las unidades Eva. Es muy fuerte, pero no pudo resistir la colisión con un navío. No obstante, los impactos de fuerza suficiente solo logran que se desintegre y se reforme un poco después --empezó Ritsuko. Pasó la página. --Su forma es semimaleable, no tiene capacidad de cambiar de estructura propiamente dicha, pero es capaz de extender sus apéndices, y su textura es bastante similar a la del caucho. Tiene alas, pero los informes son contradictorios respecto de si funcionan o no. Ataca usando los tentáculos que tiene en torno a la boca y sus manos equipadas de garras, que son enormes. Es posible que tenga acceso a tecnologías avanzadas provenientes de su mundo, pero no tenemos datos suficientes. --En su última época --dijo Rei--, los xothianos integraron biotecnología en sus cuerpos, y aprendieron a explotar ciertos principios fundamentales del universo, que parecen magia a los no entendidos en la física de tales procesos. Pero las capacidades de nuestras Evas deben permitir que nos protejamos. Todo esto a juzgar por mis recuerdos. --¿Pueden recordar algún otro detalle útil? --preguntó Misato. --Todo es muy borroso, muy enredado --dijo Shinji. Asuka no quería abrirse a esos recuerdos. No sintiéndose como se sentía. No quería tener en la cabeza cosas que no eran ella. No si podía terminar perdiéndose como se había perdido Anna. Tiritó. --Voy a seguir pensando, por si acaso --dijo Shinji. --Muy bien. Partimos mañana en la mañana, así que vayan empacando. En el camino iré refinando los planes. Si recuerdan cualquier otra cosa, me avisan --dijo Misato. --¿Tiene alguna vulnerabilidad este condenado? --preguntó Toji--. Como, ¿pongan que odie el fuego porque vive debajo del agua? --No está claro --dijo Ritsuko--. Aunque está confirmado que no puede resistir colisiones con barcos suficientemente grandes. --A lo mejor lo podemos sacar engañado a la superficie, le pegamos con un buque y atrapamos lo que quede cuando se desintegre --dijo Toji. --Posible --dijo Misato--. Pero puede tener la inteligencia como para no caer con eso. O sus vasallos podrían tener alejados a todo barco. Pero lo voy a considerar. --¿Segura que no odia el fuego? Yo sé hacer fuego --dijo Toji. --Se agradece el entusiasmo --dijo Misato, sonriendo un poquito--. Ya, todos, vayan a empacar y estén listos mañana a las 0800. Movilicémonos. -*- Los botes del balón en el piso de la cancha de básquetbol resonaban por el gimnasio. Toji dribleó unas cuantas veces mientras medía la distancia. Shinji estaba plantado delante del aro, esperando que Toji hiciera el tiro. Se había convertido en un ritual de los dos, algo con que gastarle las puntas a los nervios, antes de las grandes batallas. Toji llegó a la línea de tiro libre y lanzó. Adentro. --Pero sigo siendo el rey --dijo, permitiéndose una sonrisita un tanto inmodesta. --Lástima que ya no tengamos equipo de básquetbol --contestó Shinji, dribleando el balón hasta la línea de tres puntos. --Sí, bueno, algún día, hombre, algún día. --Se movió hacia el aro, esperando el tiro de Shinji--. Ya nos queda poco, socio. --¿Poco? --Shinji dejó de driblear y se aprontó para el tiro, pero se demoró un buen rato en medirlo. --Sí, poco. El Final, hombre. Lo puedo sentir, Shinji. Si nos va bien con este, ahí terminó todo. No más estar chupando baba negra. No más robots gigantes. No más bases militares. Podemos volver a ser... pues, normales. Shinji hizo su tiro. Rebotó en el tablero, justo detrás del aro, dio algunos botes coqueteando con el aro, luego por fin cayó dentro. Toji agarró el balón y dribleó en dirección a la esquina derecha. --Todo lo normales que podemos ser, en todo caso --dijo Shinji. --Vamos a ser normales de nuevo --repitió Toji firmemente. Con la espalda hacia el aro, giró a la derecha, e hizo un fluido tiro con salto. Adentro. --Cole normal, vida normal, salidas al centro como gente normal, citas normales --continuó Toji--. Hum. Bueno, tal vez no normales para ti. Como que te envidio en cierto modo, y en cierto modo no. --¿Eh? --¡Dos mujeres, Shinji! Es el sueño de todo hombre darle con dos mujeres al mismo tiempo, y ya escuchaste a Rei, dijo que no le molesta "compartirte". Shinji se puso de un rojo encendido y perdió la capacidad de hablar en forma coherente. --Hay que reconocer que Rei se ha estado portando un poquito más humana últimamente. Bonita de cara y tiene buen cuerpo, así que todo bien si aguantas la personalidad. --Hizo el tiro. Adentro. --Aunque igual, lo mismo se puede decir de Asuka. --¡Oye! --Shinji dribleó el balón hasta la punta de la línea de tres puntos, luego le dio una larga mirada al aro. --¿Y, lo vas a hacer o no? --Espérame, ya sabes que no puedo lanzar tan rápido como tú. --No estoy hablando del básquet, hombre. --¿De qué, entonces? --¡De las mujeres, hombre! ¡Las mujeres! --¡No! --¡Anda, hombre, vive el sueño! --¡No! Shinji lanzó. La curva del tiro fue muy llana, y el aro campaneó fuerte con el balón, pero entró. Toji tomó el balón y había echado a andar hacia la esquina izquierda, cuando el rechinido que la puerta del gimnasio hizo al abrirse llamó la atención de ambos muchachos. Asuka asomó la cabeza. --Así que aquí andaban. Toji gritó. --¡Aaaah! ¡Mujeres en la cancha! Asuka puso cara de cabreo, y entró al gimnasio, seguida de Hikari. --Ya está bueno que madures, Suzuhara --dijo la pelirroja. --Si queremos podemos estar aquí --dijo Hikari con voz firme. --¡Pero, reina! ¡Es la cancha de HOMBRES! Es... es... ¡es un lugar de hombres! ¡Esto no se hace! --¡Toji! --ladró Hikari. --¡Pero, princesa! La aludida lo miró feo. El muchacho suspiró y le hizo un pase del balón. Hikari dribleó inhábilmente hasta la línea de tiro libre, con una falta de experiencia que les resultaba dolorosamente obvia a todos, e hizo un lanzamiento desmañado que remeció el aro y bailó caprichoso por el borde antes de caer por el lado izquierdo. Antes de que los muchachos pudieran moverse, Asuka entró a chorro, agarró el balón en el aire y lo clavó, todo en un único y fluido movimiento. --¡Guau, magnífico! --dijo Hikari. --Guau --concordó Shinji. --La fuerza bruta que yo esperaría de una violenta como ella --añadió Toji. Hikari miraba peor a Toji. --¡TOJI! --¿Y qué se cuenta? --preguntó Shinji, decidiendo timonear la conversación hacia aguas ojalá más calmas. Asuka dribleaba distraídamente: --Nada más estaba nerviosa, creo. Así que busqué a Hikari y hablamos un rato, y nos dieron ganas de estar con ustedes, así que salimos a buscar por ahí y tuvimos suerte. --La sangre llama a la sangre --dijo Rei. Asuka casi larga un grito y tropezó. Los demás se volvieron, sorprendidos, al aparecer Rei de repente en medio de todos, como si hubiera estado allí todo el rato y solo ahora la advirtieran. Rei pestañeó y los miró con cara de cierta extrañeza: --Deseamos estar juntos cuando estamos inquietos --añadió, luego intentó un lanzamiento. El balón pegó fuerte contra el tablero, rebotó y volvió dando botes hasta ella. Todos la quedaron mirando. Ellas los miró a su vez, pareciendo más extrañada aún. --¿No le atinaste? --preguntó Shinji. La chica miró el balón que rodaba en el piso, luego miró el aro, luego miró a Shinji. --No --dijo por último--. ¿Intento de nuevo? --Emm, claro. Rei recogió el balón, lo sostuvo con ambas manos, calculó el tiro tanto como Shinji había hecho, luego lanzó. Le atinó únicamente al aire. --Anda, una cosa que no le sale bien --dijo Toji. Rei miró otra vez a los demás, con su expresión tan difícil de descifrar, luego preguntó: --¿Me enseñan? El rato voló al perderse los niños en la simpleza de jugar, de dejar las preocupaciones a un lado por el momento. Y al final, hasta Rei consiguió encestar. -*- Makoto, nervioso, golpeó la puerta de Akane. La había notado bastante apurada y misteriosa al teléfono. Esa clase de cosas nunca terminaban bien. Esperaba que ella no hubiera decidido dar corte a la relación e irse al Tíbet a hacerse monja o algo así. Akane atendió la puerta luciendo un insólito vestido rosa; muy bonito, pero también muy formal y muy recatado. Le parecía a él un vestido como el que usaría Asuka en una cita, o Hikari; no el estilo habitual de Akane. No obstante, el acto de agarrarlo y aplicarle un beso sumamente hondo ya era más estilo de ella. Cuando lo soltó, dijo con voz delicada: --Pasa, tengo algo que decirte. Makoto entró, luego cerró fuerte la puerta una vez dentro mientras ella se apegaba otra vez a él. Cuando cerró la puerta, oyeron otra puerta abrirse al fondo del pasillo. Akane suspiró. --Casa idiota, uno abre una puerta y se cierra otra. Cierra una y... --Tenía cara de hastío--. Tengo algo que decirte, pero... Se pasó la lengua por los labios; un gesto nervioso. Miró al piso un momento. --¿Bueno? ¿Malo? --preguntó él, con ella abrazada. --Makoto... ¿tú me quieres? --le preguntó ella en voz queda. Él se paralizó un momento. Costaba tanto descifrarla a veces. Esto podía ser un preludio de "Yo también te quiero" o un "Te me estás pegando mucho, ve a follarte a Misato", o podía haberla espantado con alguna otra cosa o... Optó por la sinceridad. --Sí, te quiero --dijo también en voz queda. --Pero quieres a Misato, ¿no? --Del modo en que se quiere a alguien que no te quiere de la misma manera, sí --confesó--. Ahora cree que quiere estar conmigo, pero creo que solo es porque se siente sola. --Empezó a acariciarle el cabello--. Te quiero a ti. Ella descansó la cabeza en el hombro de él. --Trato de no enamorarme de nadie --dijo a media voz--. Lo único que produce es dolor, y casi todos los hombres terminan aburriéndose. No sé... No sé si puedo ser la clase de novia que tal vez quieres, pero creo... Creo que te amo. Él la besó suavemente: --Supongo que es mal momento para decirte que salgo mañana para el Pacífico Sur, y puede que no vuelva por un tiempo. --Y ya lo estaba lamentando intensamente. --Tengo... tenemos que... --Akane trató de controlarse--. Hay cosas que tengo que decirte y... Es que... No puedo pensar claro. --Bueno, sentémonos un rato y podemos hablar de todo, ¿sí? --Quiero... Quiero que me hagas el amor --dijo ella--. Por si acaso... Digo... Por favor. --Sus manos subían y bajaban por la espalda de él, frenéticas. --Bueno --dio él--. Hagamos el amor y después podemos hacer las confesiones. Ella asintió. --Sí. Lo tomó de la mano y lo guió al dormitorio. Las cosas van repuntando, pensó. Todo saldrá bien. Así tenía que ser, ¿no? Él la quería. Makoto le creería, y se lo dirían todo a NERV y ella ya no correría peligro y todo quedaría resuelto. Como en sus novelas. La parte más sabia de su mente le dijo que las novelas eran deliberadamente irreales, porque así la gente las compraba para escaparse de la realidad, pero no le hizo caso a esa parte de su mente. No quería ser realista. Quería ser amada y confesar y no estar en peligro. Todo se iba a solucionar, ¿sí? Así era siempre en los cuentos. Deseó creer en un dios al cual pudiera rezar en pos de ayuda, pero el único que sabía por seguro que existía no era muy amigable. Por favor, que no se meta más a mis sueños, le dijo al universo, rogando con la esperanza de que algo amigable estuviera escuchando. Por primera vez en mi vida estoy haciendo lo que es debido. Voy a ser buena. Te lo ruego. El universo no contestó. Tampoco las sombras. -*- Inusitada fue la decisión de Toji, de llevar puesto el traje de conexión fuera del trabajo. Para ser exactos, estaba en el hospital con el traje puesto, de pie ante su hermana y sintiéndose tremendamente ridículo. No tenía mucha seguridad de que la niña lo pudiera ver, drogada como la tenían. Pero miraba en dirección general a él, así que el muchacho mantenía el optimismo. --Bueno, manita, esta es la ropa del trabajo. Quería que la vieras al menos una vez. --Se rascó la cabeza--. Sí, ya sé, es medio mamón, pero... Eso. La cabeza de Mari se movió levemente en respuesta. --Esto se acaba, mana. Los sabiondos dicen que las peleas podrían terminarse, si es que ganamos esta. Así que aguanta, ¿sí? Peleo por ti, Mari. Deséame suerte. La boca de la niña formó palabras, aunque apenas audibles. Toji se inclinó para escuchar. --Adiós --fue el susurro de ella. Luego cerró los ojos, al vencerla el sueño y los sedantes una vez más. -*- Asuka encauzó su voluntad, condensando toda su rabia y frustración hasta hacerlas un rayo de llamas intensísimas. Los extremos de los dos tubos se fundieron, luego se adhirieron al ponerlos ella en contacto. Mostró una sonrisa amarga. Supongo que cuando se acabe todo puedo hacer carrera como soldadora, pensó, tratando de no recordar cosas pasadas. --Impresionante --dijo la doctora Himmelfarb. Asuka se asustó. --Ah, hola, doctora Himmelfarb. --Veo que has adquirido gran control. --Tenía la voz muy mesurada, y Asuka se preguntó si no estaría tratando de esconder el miedo. Podía percibir con más facilidad las emociones de la gente, si podía mantener la calma suficiente para ver más allá de las emociones suyas. En el aire, Asuka escribió con llamas el nombre de ella y de Shinji, rodeados con el contorno ardiente de un corazón, luego se concentró en mantenerlo estable. --Sí --dijo en voz queda--. No quiero arriesgarme a hacerle daño a alguien. Pero cuesta mantenerse calmada cuando... --Pudo sentir que el control se le trizaba y extinguió las llamas--. Siempre. La doctora Himmelfarb miró al piso un momento, luego asintió con la cabeza y se acercó a la muchacha. Le puso una mano en el hombro, de modo titubeante: --Yo también echo de menos a Anna. Asuka tembló, luego puso una mano sobre la de la doctora Himmelfarb y se puso a llorar. --La echo tanto de menos. ¿Porque tenía que pasar así? ¿POR QUÉ? --Pasó porque pasó --dijo Himmelfarb--. No sé si hay un Dios o no, pero prefiero pensar que no lo hay, porque si lo hay, es un enfermo. A veces las cosas malas pasan porque sí, y lo único que podemos hacer es tratar de ayudarnos y salir adelante. --Suspiró--. Ya sé que no es lo que quieres oír. No lo era. Ella quería creer en Dios y el Paraíso y que Él los cuidaba a todos, pero últimamente no había visto muchas pruebas de que Él existiera. ¿Cómo podía dejar que algo así le pasara a Anna? Pero si Dios no existía, si los Dioses Exteriores eran lo más parecido que había a lo Divino... No podía soportarlo. No quería vivir en un universo así, regido por un núcleo de caos, ciego, acéfalo, en el centro de todo, rodeado por una danza de dioses sin mente. ¡El universo no podía ser así! ¡No podía! Solo advirtió cuánto estaba llorando cuando la doctora Himmelfarb la envolvió en un abrazo vacilante. Lloraba lágrimas de fuego que no quemaban a su ex tutora. En cambio, estas se transformaban en ángeles minúsculos hechos de flama, que empezaron a volar en círculos en torno a las dos. No podía parar de llorar. Los ángeles las rodeaban, luego empezaron a formar una espiral ascendente hacia la noche. Lloró hasta que no quedaron lágrimas, luego no hizo más que temblar en brazos de la doctora Himmelfarb. --Era mi mejor amiga --consiguió decir Asuka por último--. Tiene que estar... Digo... --Ahora no hay nada que puedas hacer por ella --dijo la doctora tristemente--. Pero todavía tienes a tu novio y a tu amiga Hikari. Y a Rei y a Toji también. Y ellos te van a apoyar. Yo también. Shinji, pensó. De pronto, Asuka se sintió culpable por no haber acompañado a Shinji, sumida en sus propios ahogos cuando el papá de él estaba recién muerto. Yo... debería ir a ver a Shinji --dijo. --Sin duda le encantará verte. Abrazó fuerte a la doctora Himmelfarb. --¿La veo después? --Suerte, Asuka --dijo ella, dándole a Asuka un último apretón--. Pásala bien con tu novio. --Hizo lo que pudo por sonreír de forma alentadora. Asuka salió corriendo a buscar a Shinji. Lo encontró en su habitación, leyendo de costado en la cama, escuchando música por los audífonos. No la sintió acercarse hasta que ella se inclinó y lo abrazó. Él se sobresaltó, luego se quitó los audífonos. --Hola, Asuka --dijo en voz queda. Besó vorazmente a Shinji, aplastándolo de espaldas en la cama con ella montada a horcajadas, luego se tendió sobre él y no hizo sino envolverle el cuerpo. El muchacho se inmovilizó, luego se relajó, abrazándola. Por último, ella terminó el beso y rodó hacia un lado, yaciendo de costado, todavía con los brazos en torno al muchacho, con él de costado también, mirándola. Asuka habló suavemente: --Shinji, perdóname. --¿Qué cosa? --preguntó él, confundido. --Murió tu papá, y lo único que he hecho yo es andar por el suelo sintiendo lástima de mí misma. --Suspiró--. Debes estar sufriendo lo mismo que yo. --No he... Es que... No puedo creer que de verdad esté muerto. Sobre todo porque... ya sabes... --dijo él a media voz. Ella sabía. Quería decirle que vería a su padre otra vez en el Cielo, pero incluso de no estar flaqueando su fe, ella hubiera encontrado más verosímil que Gendo ardiera en el infierno por toda la eternidad. --Él te quería --dijo Asuka, sin saber bien si estaba mintiendo--. Y a tu mamá. Y no me cabe duda de que él querría que mataras a los desgraciados que lo mataron. Shinji se estremeció. --Era tan... era... --Los ojos se le empezaron a llenar de lágrimas--. Nunca supe si me quería. A veces podía ser buen padre, pero casi siempre parecía no querer nada conmigo. Shinji necesitaba algo en qué creer, consideró ella. Odiaba a Gendo casi tanto como odiaba a Nyarlathotep, pero era el padre de Shinji, y Shinji necesitaba creer en algo. Y podía ser cierto... ¿Quién sabía lo que Gendo tenía en la cabeza, a fin de cuentas? --Yo sé que te quería --dijo--. Y que estaba muy orgulloso de ti. Shinji empezó a llorar, y ella lo apretó y lo abrazó mientras él sollozaba sin palabras. Sus lágrimas formaron arañitas que se fueron presurosas, y ella hizo cuanto pudo por no verlas. Se puso a llorar también; o lo intentó. Lloraron juntos en silencio un rato, hasta que las tormentas emocionales pasaron. Por fin, Shinji dijo: --No mueras. Por favor. --No voy a morir --dijo ella, y le dio beso en la mejilla--. Vamos a dejar a este dresgraciado hecho pescado frito. Y después, tal vez, todo se habrá acabado. Shinji dijo en voz queda: --Todo va a salir bien, ¿verdad? --Claro que sí --dijo ella con una seguridad que no sentía--. Por supuesto que va salir bien. Lo vamos a reventar a patadas, y cuando volvamos vamos a... comer galletas. Shinji se rió un poquito con eso: --Quiero creer que ya casi termina todo, pero... no lo tenemos claro. Ella suspiró. --Lo sé. Puede que estemos haciendo lo mismo durante treinta años más. Pero ojalá no. --A veces recuerdo cosas --dijo él, bajito--. Igual que tú. Uno de los recuerdos de ella intentó aflorar: dos arañas abrazadas en la noche. Trató de obligarse a olvidar aquel sueño, pero no pudo. Ninguno de ellos había empezado como monstruo. Se habían convertido en monstruos para combatir a monstruos, y habían perdido el control de sí mismos. Eso era lo que querían los Dioses Exteriores. Querían que la gente actuara por instinto. Que abandonaran la razón y se revolcaran en la demencia. Ella no les iba a dar lo que querían. No si podía evitarlo. Podía sentir que los instintos se elevaban en ella; querían que vaporizara la ropa de él y la de ella, copular ferozmente con él como animales, hacer el amor hasta que el sol saliera. No quería pensar, no en lo que estaba haciendo ni en lo que había hecho. Podría haber sucumbido de no haber hecho... lo que había hecho con Rei. El solo pensar en eso le permitió resistir los instintos. Un día... Un día haría el amor con él. Pero no ahora. Le faltaba edad, y a él también, y tenía la sensación de que Nyarlathotep quería que lo hicieran. Además, no tenía muy claro cómo se hacía. En cambio, no hizo más que besarlo, abrazándolo fuerte y consolándose con su presencia. --Shinji --dijo en voz queda--. Te amo. Él deglutió y la besó otra vez, luego dijo suavemente: --Yo también te amo, Asuka. Por favor no me dejes. Por favor. --No te voy a dejar --dijo ella--. Nunca. Alguien llamó a la puerta. --¿Están follando? --gritó Misato del otro lado. --¡NO! --bramó Asuka. Misato entró: --Se me ocurrió venir a ver cómo estaban, para no tener que ver a Makoto todo acaramelado con su p... con su novia. --Los miró--. ¿Seguros de que no interrumpo nada? --No estamos en edad de tener sexo --dijo Asuka, intentando matar el deseo de hacerlo de todos modos--. ¿Verdad, Shinji? --Ehh, eso --dijo él, un tanto mareado. --Bueno, yo no tuve sexo hasta los dieciséis, y quisiera no haberlo hecho. No con ese verdadero puto. --Misato sacudió la cabeza--. Así que tal vez les conviene esperar. Y nunca jamás mezclen sexo con alcohol. Lo van a lamentar. Misato se acercó y se sentó en la cama: --Por Dios, qué ganas de emborracharme. --No deberías tomar el nombre de Dios en vano --dijo Asuka en tono reprobatorio. --Sí, mamá --dijo Misato, luego se rió un poquito. --Estás mucho mejor sin cerveza --dijo Shinji. --Ojalá sintiera eso --dijo Misato--. Pero no me puedo dar el lujo de emborracharme. Ya no soy estudiante. --Suspiró. --Katsuragi-san --dijo Asuka despacio--. ¿Te sientes sola? --Carajo. Sí --dijo Misato. Suspiró--. Hablaría con Ritsuko, pero está ocupada con Maya. Parece que... Hombre, parece que el amor para algunos lo supera todo. --Sacudió la cabeza--. Nunca he tenido un amor así. --Se le cayeron los hombros un tanto. --Yo no sé qué haría en lugar de ellas --dijo Asuka--. Pero como también soy un monstruo, no tengo derecho de opinar. --Tú no eres un monstruo --dijo Misato, categórica--. Y tampoco Ritsuko. No puedo... Da un poco de cosa mirarla, pero... Demonios, es mi amiga. No se merece esto. --Suspiró, y se tocó el amuleto--. Tiene que haber alguna manera de sanarla, carajo. --Ya encontraremos el modo --dijo Shinji--. Sea como sea. Si yo puedo... --Se estremeció-- ...si yo puedo llorar arañas, entonces algo debo ser capaz de hacer para ayudarla. Los ojos de Misato se engrandecieron un momento, luego se controló. --¿Lloras arañas? --Lo hice hace un rato --dijo él, un tanto cohibido. Ella se obligó a poner una mano en el hombro del muchacho. Todo estaba empezando a darle cosa, pero ellos merecían algo mejor. --Para mí sigues siendo Shinji. --Katsuragi-san, yo... --Shinji trató de pensar en qué decir--. Yo confío en ti. --Yo confío en los dos --dijo Misato--. Le vamos a ganar a esta cosa. Vamos a salvar al mundo, aunque este ya no sepa si puede confiar más en nosotros. A los dos los van a considerar como héroes. --Es que... Parte de mí quisiera... Es que... --Asuka apenas podía hablar. --Quisiera que las cosas hubieran sidos distintas para ustedes dos --dijo Misato con voz suave--. Mi padre y yo muchas veces nos llevávamos mal; yo odiaba el que no estuviera nunca. Me dio mucho orgullo cuando me llevó en uno de sus viajes, pero después tuvo el descaro de irse a morir. --Tembló un poco--. No puedo decirte que el dolor se irá completamente. Pero se irá pasando, con el tiempo. Lo único que me queda de él es esto. --Tocó el amuleto--. No sé adónde van los muertos. Pero sé que él vive en mí, aunque no viva en ninguna otra parte. Shinji asintió. Asuka dijo "Gracias" en voz queda. Misato tiritó. --Quiero... Carajo, necesito un hombre. --Se sobó la frente--. Perdón, esa no es preocupación de ustedes. Asuka sintió lástima de ella: --Tiene que haber... --Suspiró--. Lo siento. Misato se levantó. --Traten de no meter mucho ruido en la noche. Tengo que dormir. --¡Ya te dije que no estamos teniendo sexo! --Claaaro. --¡Es cierto! Misato dijo: --Yo creo que es mejor que no lo tengan, pero no soy quién para decirle a alguien que no lo haga. En fin, buenas noches a los dos. --Buenas noches --dijo Asuka. --Buenas noches --dijo Shinji. Y luego Misato se fue. Asuka le dijo a Shinji con voz de nervios: --Es que... no estoy lista. Parte de mí, bueno, como que quiere. Él asintió. --Entiendo. Como que me asusta pensar en eso. Pero también... --Eso. --Ella lo besó y luego lo soltó--. Que duermas bien, novio. Nos vemos en la mañana. --Que descanses --dijo él. Quería pedirle que se quedara, quería quitarle la ropa, quería hacer... algo. Sabía más o menos cómo funcionaba el asunto, pero no tenía muy claro el modo de hacerlo como correspondía, aunque a veces se imaginaba que eran las manos de ella, no las de él, las que lo acariciaban cuando se masturbaba. Los labios suaves de ella en torno a su miembro, él estallando en ella y no en sus propias manos o en papel higiénico o el excusado. A veces las imágenes eran más locas: ella como un ángel de fuego rugiente, envolviéndolo por completo, mientras él era un ángel de metal incombustible, que se hundía con impunidad en las llamas. Los gemidos de placer de ella mientras él la acariciaba con sus seis extremidades. Su cuerpo lleno de... No, no iba a pensar en esas cosas. Se sacó desesperadamente la mano de los pantalones. No quería masturbarse; ya no, no después de la última vez. Casi tenía miedo hasta de escupir por temor a lo que su saliva formaría, mucho menos la... cosa... que se había formado la última vez que se había atrevido a masturbarse. Esta había muerto, gracias al cielo, una cosa contrahecha entre araña y serpiente alada con patas como de sapo deforme, una criatura diminuta. Pero no podía estarlo combatiendo siempre. Y era peor cuando intentaba dormir. Casi todo el día tenía la mente ocupada en otras cosas, pero cuando intentaba dormir no había mucho en que pensar salvo Asuka. Cuando no estaba ocupado llorando por su padre. Trató de obligarse a pensar en su padre, con la esperanza de hacer que la erección bajara. Pero ya se había cansado de llorar por su padre hacía un rato. Estaba tendido en la cama, con la música de los audífonos, e intentó dejar la mente suelta, pero esta no hacía sino volver en espirales hacia Asuka. Todo su cuerpo la ansiaba, aunque él mismo no tuviera certeza absoluta de cómo el acto debía hacerse. Se concentró en eso, deseando haber puesto atención la vez que Kensuke había querido mostrarles una porno. Pero le había dado demasiada vergüenza. Conocía el concepto básico por las clases de biología, pero no terminaba de saber cómo se desplegaba todo. Se bajó de la cama con la idea imprecisa de encontrar libros sobre la materia. La biblioteca de la base ya había cerrado. En el camino de vuelta, torció por un recodo y se encontró con Rei, que parecía un poquito preocupada. --¿Cómo estás? --le preguntó ella. --Bien --mintió él. Se preguntó qué sentía ella por él. A veces le parecía que ella lo quería. Pero con Rei, costaba tener seguridad de qué sentía respecto de cualquier cosa. --¿Seguro? --preguntó Rei. --Sí, bien --dijo él. Ella miró al piso un momento, luego dijo, titubeante: --También lo echo de menos. Shinji sintió que algo le punzaba el alma. --¿A mi papá? --preguntó en voz baja. --Sí --dijo ella. Se acercó un poco más a él. Durante un momento, él se la imaginó haciendo todas las cosas que él quería que Asuka hiciera. Luego consiguió despejarse la cabeza. --Lo echo mucho de menos --dijo. Ella extendió una mano, tomó la de él y la sostuvo un rato en silencio. Su presencia era reconfortante, y Shinji sintió que la mente se le fortalecía. Por último, suspiró. --Mejor me voy a dormir. --Buenas noches --dijo ella en voz queda, y lo miró irse. Al final el muchacho consiguió dormirse, y rogó por no sentir en el Sicigia la necesidad de meneársela. Pero esos ruegos rara vez eran contestados. -*- La doctora Himmelfarb se hallaba en la losa, mirando al último resto de gente abordar el Sicigia. Volvió a preguntarse si había sido prudente por parte de Fuyutsuki la decisión de asignar una periodista que cubriera la batalla desde aquí, la base. No se trataba de que supiera ella algo malo de Megumi Kunzama, pero había gran riesgo de incurrir en mala publicidad de una clase u otra. Y NERV ya estaba en suficientes aprietos; se rumoreaba que la ONU pronto cortaría el financiamento, o algo peor. Ahora disparaban salvas de saludo, al elevarse el Sicigia. Ella esperó que volvieran ilesos. El denominado "Cthulhu" no parecía tener sirvientes aéreos, al menos, así que tal vez no correrían peligro. Rezó por que Asuka no tuviera que sufrir más tragedias. No creía que Asuka pudiera resistir otra más. Pobre niña, pensó. Ojalá pudiera hacer algo por ella. Pero, además de procurar que el combate saliera bien, ¿qué podía hacer? Ritsuko dijo algo en voz baja, desde su posición cercana al borde de la losa. --¿Cómo dice, Doktor Akagi? --preguntó. Miró a Ritsuko solamente de costado; era un esfuerzo de voluntad el siquiera mirarla, aunque, en realidad, su aspecto no era para nada horrible. Era solo que tenía algo... no sabía qué. --Que espero que en el proceso maten a mi madre, eso es todo --dijo Ritsuko con tono seco--. Todo esto es culpa de ella. --Ven, mejor volvamos al trabajo --dijo Maya, asiéndola del brazo para luego llevársela. La doctora Himmelfarb suspiró. Pobre mujer. Pero tal vez podamos curarla si terminamos de refinar el proceso que usamos en las otras víctimas. Y Maya tenía razón. Era hora de volver al trabajo. El trabajo, no obstante, fue interrumpido por la periodista. --¿La doctora decía algo de su madre? --preguntó esta. El sol brillaba por detrás de ella, como un halo. Aquello no era incumbencia de la periodista, decidió Himmelfarb: --Son problemas familiares de ella, y no le conciernen a usted. Megumi pareció un tanto descontenta, pero cambió de tema. --¿Y cómo han estado las cosas con personal de dos bases trabajando en una sola? --Apretadas. --Noté que la asistente de la doctora Akagi... --No le concierne --dijo la doctora Himmelfarb. --¿Las dos son...? --Una vez le fracturé el brazo a un hombre por propasarse conmigo, y tenía el doble de masa que usted --largó Himmelfarb, luego lo lamentó. Megumi tragó saliva. --Mejor me voy a molestar a alguien más. La doctora consideró disculparse, pero decidió que la mujer necesitaba la lección. --Sí, vaya. La miró irse, luego suspiró. Fui cruel, pensó. Pero los periodistas a veces se ponen excepcionalmente latosos. Bueno, hora de volver al trabajo. -*- Akane entró a la ducha y dejó que el agua caliente se llevara los problemas. En parte le preocupaba que Makoto estuviera cometiendo un error, de esperar para decirles a todos lo que pasaba con ella. Pero en su mayor parte concordaba con él en que el Rey de Amarillo, o fuera quien fuese en realidad, no podía obligarla a nada. Este había usado tácticas para aterrarla, y eso era todo. A fin de cuentas, si era capaz de meterse a los sueños y controlar a la gente, ya hace mucho se habría apoderado de los Niños, ¿no? Mejor esperar y contar toda la historia cuando este combate terminara, en vez de aterrorizar a todos en la víspera de una batalla. ¿O no? Deseó que Makoto se estuviera bañando con ella, pero se habia ido en el Sicigia; ella se había quedado en los alojamientos de él. Aquí no correría peligro. Sin duda la base era segura. Restregándose un brazo, notó una curiosa coloración amarilla, y se preguntó en qué momento se había golpeado. No lo sentía delicado. El amarillo se hizo más vivo, y ahora advertía ella que tenía un Signo Amarillo tatuado en el brazo. Los ojos se le agrandaron de horror, y empezó a frotárselo. Pero no se borraba. Empezaron a aparecer más, en sus manos, en sus hombros y torso. Se extendían por todo su cuerpo como urticaria, y ni todo el jabón del mundo los quitaba. Desesperada, salió corriendo de la ducha, agarró una toalla y trató de reunir su ropa. Tendría que ir donde Fuyutsuki y confesar de inmediato, antes de que algo peor pudiera pasar. Era una idiotez tan grande, pensó. Debí haber insistido, pero quería esconderme por miedo de que todos me odiaran. Miró el espejo, y vio al hombre que aparecía en sus sueños, mirándola, con su capucha enmarcando las estrellas del espacio. Las estrellas se movieron y se volvieron una sonrisa. Una sonrisa sin alegría ni esperanza, pero llena de triunfo. Era muy tarde para gritar. -*- Rei se encontró sentada detrás de un pupitre de colegio, vestida con su uniforme escolar. Los compañeros la saludaban con señas y decían "hola" al entrar al aula y tomar asiento. Miró por la ventana y observó el cielo azul despejado. Los árboles de cerezo estaba en gloriosa floración, produciendo la estética lluvia de hojas rosadas. Entró Shinji, que saludó con una seña y se sentó a su respectivo pupitre. Entró Asuka, que saludó, sonrió y se sentó en su puesto habitual. Rei ya sabía qué era esto. --Un sueño --murmuró. --Sí, lo es --oyó decir a su propia voz--. Un sueño de tu mundo perfecto. Rei se volvió hacia el puesto ubicado junto al de ella, donde había sentada otra Rei. Esta Rei tenía una sonrisa descansada y natural, distinta de la de ella, y parecía relajada con su cuerpo, a diferencia de la rigidez de la que Rei era más que consciente. --¿Por qué estás aquí? --le preguntó a su otra yo. --Para darte claridad. --¿De qué? --De lo que podrías tener. --¿Qué podría tener? --Lo que mereces. --¿Qué merezco? Rei se encogió de hombros. --Cualquier cosa que desees, tal vez. --Quiero ser normal. --Pues sé normal. --No sé cómo. --Puedo ayudarte con eso. Rei estiró una mano y tocó la frente de Rei. Entonces empezaron las voces, pensamientos desconocidos zumbando en su frente. Pensamientos de maquillaje y cocina y chachorritos de perro. Tiernos enamoramientos por Shinji y celos por Asuka. Y tal vez también un poquito de enamoriscamiento. La preocupación más grave en su cabeza eran los exámanes que se avecinaban. Y... --Basta. Se quitó de encima la mano de la otra. --¿Qué pasa? ¿Demasiado? --No. --¿No es lo que siempre quisiste? --Sí. --¿Qué pasa, entonces? --Tengo miedo. La otra le puso una mano sobre el hombro y apretó suavemente: --Descuida. Estaré yo contigo, en todo momento. Podemos hacer que este mundo sea perfecto. Lo único que debes hacer es usar tu poder y hacerlo realidad. Somos dioses, al fin y al cabo. --Sería un error. --¿Así lo crees? --Sí. La Rei se puso un dedo sobre los labios y pareció pensativa. --Tienes razón. ¿Por qué restringirnos? Nos restringimos a este cuerpo que creemos normal, pero siempre nos sentimos torpes en él. Somos Dioses, deberíamos ser libres de expresarnos como tales. El mundo en torno a ella se fundió y escurrió, y Rei se encontró sobre un acantilado que miraba a las ruinas de una ciudad invadida por vegetación silvestre. Una música extraña llenaba el aire, y también criaturas aladas desconocidas, cuyas siluetas cruzaban veloces por delante de una luna roja. Rei sintió su forma humana destrozada por el sinfín de formas que habitaban en ella, y la anegó el impulso de vagar libre y salvaje. Ella era las patas de los lobos que corren por las planicies, las aletas de los peces bajo las olas, las alas de una diosa indescriptible en el cielo. Desde lo alto, miró a la Tierra y vio humanos corretear por los despojos de la civilización, y estos la miraron a su vez con asombro y fascinación. Cayeron de rodillas y la adoraron. --Libre de toda atadura. Libre para actuar según todos tus impulsos. Puedes ser tú misma y ser aceptada por todos. Acepta eso que late en tu interior, y toma tu merecido lugar como deidad entre estos mortales. Rei miró hacia la Tierra, luego a su otra yo, que volaba junto a ella. Un mundo que fuese su lugar. ¿Por qué no? Sería tan fácil. Demasiado fácil. --Sigo el camino trazado por Gendo. No dudaré. --¡Pero ¿por qué?! --demandó su otra yo--. ¡¿A quién sirve ese camino?! ¡Él está muerto y todos ustedes marchan a su propia destrucción! --No te escucharé más. Adiós. Rei cerró los ojos, y su paraíso cayó en las tinieblas y serenidad del sueño. -*- Algo extraño tenía el Servicio. Pero Asuka no podía determinar bien cuál era el problema. Era solo que, típicamente, los sermones no hacían que la piel se le erizara. Tal vez era el pastor. Algo tenía en la voz. Decía todo lo que tenía que decir, pero parecía decirlo casi mofándose. Casi. Pero de todos modos algo tenía de tranquilizador. Asuka rezó casi desesperadamente, intentando quitarse de la mente todo el fárrago que ahora la llenaba, de ignorar las voces que poblaban su cabeza y que se iban hacia recuerdos de otras liturgias. Por último, se puso en fila con todos para la comunión. Ya casi llegaba adelante cuando advirtió que todos los que comulgaban parecían marcharse en vez de seguir en la misa. Y algo raro tenían. Empezó a tener una sensación fatal en el estómago. Igual siguió en la fila, segura de que tal vez imaginaba cosas. Solo cuando vio que la hostia parecía más una rebanada de salchicha que un trozo de oblea, se quedó inmóvil y miró bien al pastor. Era rubio y pálido, alto y flaco. El pastor la miró a su vez, sonriendo. --¿Acaso no quieres el Cuerpo de Cristo, niña? Sabes bien que morí por todos en la cruz. El mundo parecía congelado. --Pero es... es... Era un pedazo de carne. --¿Crees que estoy hecho de pan? Yo fui humano, al fin y al cabo. Comer mi carne nunca te molestó antes. --Ladeó un tanto la cabeza--. Ha llegado el momento de quitarse las máscaras, y que todos vean la verdad. ¿Para qué perder el tiempo con un canibalismo simbólico, cuando se puede tener de verdad? No te preocupes, está cocida. La carne cruda es muy peligrosa, de todos modos. Y mi sangre es estrictamente libre de patógenos. Asuka retrocedió, llena de repulsa. --¿Qué es esto, una broma asquerosa? --La era nueva es con nosotros, hija mía --dijo él, con una voz piadosa--. Tanto tiempo ha insistido la humanidad con su máscara de civilización para cubrir al animal interior, que le llevé el amén, dejé que satisficieran su hambre de carne en formas que consideraran socialmente aceptables. El pan y el vino tomaron el lugar de los sacrificios cruentos que una vez me dieron. A fin de cuentas, soy un dios tierno, pío. Y algo incansablemente cómico tenía la forma en que tantos de ustedes nunca pensaban en lo que hacían. Comen de mí, como yo un día comeré de ustedes, cuando vuelvan a mí. Somos un cuerpo, una sangre, una iglesia. --Abrió los brazos--. Y ahora caen las máscaras, y mostramos nuestras caras verdaderas, como los animales que somos. Por mi poder, este pueblo queda libre. Asuka tenía ganas de vomitar, pero se lo tragó. Nada de debilidades. Lo señaló con un dedo, y la ropa de la muchacha se incineró, reemplazada por su traje de conexión. --¡No me puedes engañar! ¡Tú no eres el Dios que yo adoro! ¡Eres un impostor! --El Dios que adoras no es sino otra de mis máscaras. Soy Legión, un Dios con muchas caras y formas, tantas como ojos hay que me vean. La Trinidad no es más que una sombra de la verdad de mi existencia, para prepararles. Aunque admito que este no es el cuerpo que usé cuando anduve entre ustedes como el Cristo --dijo el hombre. Se encogió, se hizo más macizo y más moreno, más velludo, con cabello rizado y negro en vez de una melena rubia. Los ojos se le oscurecieron de azul a café, y ahora tenía un martillo en el cinto. --Era más así. Me convierto en todas las cosas para todos los hombres, de modo que puedan venir a la verdad, y como era judío, caminaba cual judío. Me complace el que todas las naciones me imaginen como de su raza, porque esto muestra que están más cerca de comprender la verdad. --Mostró una sonrisa benevolente. --Máscaras... ¡Eres Nyarlathotep! --Asuka apuntó un dedo acusador. --Entre mis muchos nombres. Pero también he sido el Cristo que adoras, y muchas otras cosas más. --Volvió a ofrecer la rebanada de salchicha--. Ven, come de mi cuerpo y bebe de mi sangre, y acepta la comunión de los santos. Es tiempo de que creemos el Reino de los Cielos, donde no hay matrimonio y todos somos libres de la Ley. Correremos y saquearemos y destruiremos y fornicaremos sin límites hasta el fin de la era. El tiempo de la Ley ha acabado, de una vez y por todas. Fuera, Asuka pudo oír violencia, y los que estaban detrás de ellas la empujaron, ansiosos de avanzar y despojarse de las cadenas con que se habían apresado a sí mismos. ¿Así terminaba todo? ¿Podía ser cierto? Asuka dudó, y se preguntó si todo había sido mentira, si todo en lo que había creído era falso, si la cristiandad entera no era sino otro culto a Nyarlathotep. Por cierto que tenía el poder de hacer todas las cosas que Jesús había hecho, pues canalizaba el poder de los Dioses Exteriores. Transmutación molecular, extirpación nanométrica de enfermedades y venenos, incremento de tensión superficial, control cuántico del clima... Asuka podía ver cómo duplicar los milagros con apenas un fragmento del conocimiento que su mente había robado de los seres que había matado. Hubiera sido tan fácil dejarse ir, aceptar la oferta de él y rendirse a las voces que moraban en ella, rendirse a sus deseos. Dejar que Rei la poseyera otra vez, y también Shinji, los dos a un tiempo, hacer del mundo un juguete de ella. Tan fácil. Costaba tanto resistirse, tanto luchar cuando todo salía mal y tanta gente moría. Había perdido a sus padres, a tantos amigos, a Anna... El dolor le apretó el alma al pensar en lo que le había sucedido a Anna. --Ahora ella y yo somos uno --dijo él, seductor--. Podrías unificarte con ella también. ¿No te gustaría verla otra vez? Asuka se estremeció. --¡Tú la poseíste, desgraciado! --Fue su propia voluntad --dijo él--. Ella quería ser un dios, y yo le di lo que quería. Y al final, todas las cosas vuelven a mí, pues soy el Alfa y el Omega. --¡Tú NO ERES DIOS! --bramó Asuka, frenética, encolerizada, despavorida--. ¡Podrías ser Satanás, pero claro que no eres el Creador! --Soy todo el Creador que este universo tiene --contestó el hombre--. Porque soy la Voz de los Dioses Exteriores, de quienes todas las cosas provienen y a quienes todas las cosas regresan. Soy la máscara que ellos usan para llevar su evangelio a todos los seres que se entrampan en la ilusión que llaman "razón" y "civilización". Traigo emancipación de la Ley, la ley que aplasta a todo cuanto hay bajo ella, pues no hay nadie con la santidad de cumplirla. No necesitas más que fe, y yo te haré libre. Asuka conocía la libertad que él brindaba, la libertad que habían conocido alguna vez los que ahora habitaban en ella. La libertad de los animales, la libertad de ser un monstruo. Ella no quería esa clase de libertad. No la quería. Todo lo que dentro de ella opinara lo contrario era culpa de esas cosas horribles que había matado. --¡No quiero tu libertad, y no quiero tus mentiras! ¡Estás inventando cosas! --Es la verdad --dijo él--. Te lo mostraré. Asuka cerró los ojos, pero no podía esconderse, y las imágenes se quemaron contra sus párpados. Un carpintero desconcertado conociendo la verdad de su linaje bastardo, huyendo al desierto para encontrar a un hombre sabio. Su bautizo y la certeza que había buscado descendió sobre él. Nyarlathotep había ofrecido al hombre, Josué hijo de José, un futuro más glorioso que ser el hijo ilegítimo de un don nadie en un pueblucho... Sería el hijo del Dios Viviente. Nyarlathotep había descendido sobre él como una paloma, y había establecido residencia en él. Siguió un período de andanzas, de milagros propiciados por la alta ciencia de los Dioses Exteriores, el poder de ellos en las manos de él, por mediación del espíritu santo que habitaba en su mente. Durante tres años había seguido él las incitaciones de la voz que había en su mente, la voz de Nyarlathotep, hasta que, convencido de su propia divinidad, había montado la farsa de su propia traición, para poder manifestar su poder desde la mismísima cruz, para destrucción de los romanos y el advenimiento del Reino de Dios. Pero fue en aquel mismo momento de supuesto triunfo que Nyarlathotep lo había abandonado, dejándolo perecer, que su alma fuera tragada por los Dioses Exteriores ante quienes había jurado. Asuka gritó enardecida su renunencia, pero todo le parecía sumamente real, y tan verosímil, y sintió que la desesperación la consumía. Después, Nyarlathotep había aparecido como Jesús ante sus discípulos, y había puesto en marcha la formación de su iglesia, la iglesia que prepararía a la humanidad para el Día del Señor, para el abandono de las máscaras y el regreso a la verdadera naturaleza de la cual habían caído hacía tanto tiempo, al comer el fruto del árbol de la ciencia del bien y el mal, y, asqueados por sus propias caras, se habían puesto máscaras para esconderse del "mal" que era su naturaleza verdadera. Y ahora llegaba el momento, el Día del Señor había llegado. La mente de Asuka giraba en espiral y ella intentaba rechazarlo todo. Pero podía verlo, parecía tan real. ¿Acaso todo lo que ella había creído era mentira? ¿Su religión, una herramienta más de Nyarlathotep para la corrupción de la humanidad? Se le arremolinaban imágenes en la mente: las Cruzadas, la Inquisición, la quema de brujas, el Holocausto, todos los pecados cometidos en nombre de Dios. ¿Todo para esto? ¿Para el Vacío Oyente? Fue demasiado para ella. Ella nunca había querido nada así. La flamas surgieron de ella como un torrente; oyó a la gente que estaba detrás de ella incinerarse y morir, pero no le importó. Si el mundo era así, quería destruirlo. Mejor que nada existiera, si no había nada más que los Dioses Exteriores. La humanidad estaba mejor muerta. Nyarlathotep trató de hablar, pero el fuego de ella arreció a través de él, y lo carbonizó en un instante. Pero no estaba muerto. Se levantaría otra vez, sabía ella, y la noción la enfurecía más. Acopió fuerzas. Este mundo iba a arder. Arder, arder, arder. Si ardía lo suficiente, tal vez ella también moriría, y no tendría que vivir en él. "¿Eres capaz de destruir a tus amigos junto con tus enemigos? No tengas la necedad de escuchar esas mentiras --dijo la voz--. No es demasiado tarde para arrepentirse". Asuka miró a uno y otro lado del gran mar de fuego que la rodeaba. --¿Quién eres? --preguntó, reacia. "Soy el que te envío a ti y a mis demás arcángeles al mundo, para protegerlo en esta época de crisis. La Tribulación es próxima, en que el mundo sufrirá a manos de aquel que de mí se burla. De modo que les envié, para que vistieran de carne y se hicieran sus defensores. No sus verdugos. Porque eres Gabriel, y tu luz está hecha para revelar la verdad, para quemar la iniquidad, no para destruir a ímprobos e inocentes por igual. ¿Acaso no recuerdas, hija mía?". La voz era suave y difícil de identificar, a veces como de hombre, a veces como de mujer. Asuka se estremeció, dudando, temiendo que esto fuera solo un truco más. --¿Quién eres? --volvió a preguntar. --Soy el comienzo y el fin, el creador de todo cuanto es, el que hizo el mundo y todas sus añadiduras. Y tú eres mi hija amada, mi Gabriel, una de las líderes de mis ángeles. Recuerda". La voz era llena de compasión, y Asuka se aferró a ella como a una cuerda. Había cosas... que podía recordar..., chispazos de imágenes, de hablar con varias personas, las palabras del Señor. ¿Era ella? ¿Era ella la que había aparecido ante los israelitas cuando habían salido de la tierra de Egipto?, ¿era ella quien había hablado a los profetas? Pero ella era humana, ¿no? Era Asuka, no un arcángel. Aunque ahora prefería ser un ángel a ser Asuka. --No puedo... es tan confuso... ¿Quién soy? --preguntó, desesperada, con la mente dando giros. --Una de mis mensajeros, enviada para defender a la humanidad del Caos --dijo la voz, más fuerte ahora, al abrir ella los oídos a aquellas palabras--. Lo recordarás todo, cuando la hora llegue. Cree en mí tan solo, como yo creo en ti. Asuka se puso a llorar. Quería creer, quería que sus poderes provinieran de algo sagrado, no de algo vil. Pero todo podía ser un truco más. Quería creer, pero costaba tanto, costaba tanto creer. --Necesito... Quiero creer, pero es que... Pobre Anna... --Al final, todo viene a mí --le dijo la voz, ahora susurrando en oídos de ella--. Todos comprenderán a la larga, y se arrepentirán, y vendrán a mí, porque no hay necio capaz de negar la verdad por siempre. La volverás a ver un día, cuando se libere de las mentiras con que se engrilló. Pero necesito que tomes tus armas y que portes mi palabra, hija mía, porque los hay muchos que caerán en las mentiras de él si no vas y andas antre ellos. --Anna... ¿O sea que...? --Las llamas del infierno son fuegos que queman y quitan lo impuro. Es el fuego tuyo, que revela la verdad. La verdad hiere, pero al final todo será purificado, y el mundo será uno, como una vez fue, antes de que cayese en las sombras y en la negrura. ¿Asirás tu espada, Gabriela, y pelearás por esa verdad? --Él me dijo que... --Tembló y se envolvió el cuerpo con los brazos--. Que era... que tú... --Él es el padre de las mentiras, pues cree que el mundo que hizo por mandato mío es todo cuanto hay; se ha convencido de que yo nunca existí, de que todo sucede según su voluntad. Pero no hace sino entramparse en sus propias ilusiones; se ha cegado. Pero hasta él puede, un día, purificarse. No hagas caso de sus mentiras --dijo la voz, fluctuando nuevamente entre hombre y mujer, y, de pronto, Asuka conoció aquellas voces: las voces de sus padres. --Soy tu padre y tu madre; ellos fueron receptáculos por medio de los cuales entraste al mundo de la carne --dijo la voz--. Y ahora ellos moran conmigo, esperando la hora de tu regreso. Pero la hora aún no llega. El mundo te necesita. Tenía que ser cierto, se dio cuenta Asuka. Satanás... Nyarlathotep... era capaz de inventar lo que fuera, hacerla ver cualquier cosa, llenarle los sentidos con mentiras. Era parte de su poder, su dominio sobre el mundo de los sentidos. Todo lo que le había mostrado a ella, mentira y nada más. Había intentado hacerla olvidar, olvidar su verdadera escencia. Todo se inflamaba dentro de ella ahora. Rafael, Uriel, Ariel, Miguel, Bodiel, ella misma --Gabriel-- habían sido enviados al mundo para propiciar la era nueva, para guiar a la humanidad a través de la Tribulación y hacia el nuevo Milenio. Pero se habían extraviado al asumir carne, y ahora Bodiel había pagado el precio, engañado por las mentiras del Demiurgo, Nyarlathotep. Tanto que ella no podía recordar, pero ahora todo se le iba aclarando. Las voces de su mente eran las ilusiones puestas allí por Nyarlathotep, las sombras de ángeles ahora caídos, que habían traicionado la confianza que su creador había puesto en ellos, y el Cielo ahora reclamaba aquel poder. En ella, sus poderes serían sacros una vez más. Su poder era sacro. Tenía que serlo. Expulsó a las voces, silenciándolas con su fe renacida. Se puso en pie y desenvainó su gran espada de fuego. --Haré mi mejor esfuerzo por salvar a este mundo, mi Señor --dijo, consagrándose una vez más--. Y por ayudar a que los demás recuerden la verdad que nos enviaste a defender. Sintió una fuerza nueva. --Despierta, pues --le dijo su padre--. Ve --le dijo su madre--. Y no peques más, mas camina en la senda del amor. Amor. Le llenó el corazón, y fue un agua que se llevó sus miedos. --Marcho ya --dijo, y lució sus alas. Voló hacia el mundo de la vigilia para empezar de nuevo la obra de Dios. -*- Brillaban las estrellas en la distancia, pero el aire era frío en torno a Shinji. Mirando en redondo, no veía tierra por ningún lado; parecía estar en las honduras del espacio, sin nada más que distancia y titilar de estrellas. Batía sus alas, grandes alas de cuero negro. Qué naturales las sentía ahora, como si siempre las hubiera tenido. Despacio, dio la vuelta, tratando ver si había algo, cualquier cosa digna de mirarse. Una luminiscencia lejana le llamó la atención; una nebulosa ingente giraba lenta en la distancia, con nebulosas menores rotando en torno a ella, y puntos diminutos que supuso él serían planetas o cometas o cosas similares. Había un sonido apartado, como un latido, y susurros suavísimos como de viento. Empezó a moverse hacia el sonido, advirtiendo ahora extensos filamentos fosforescentes que gravitaban por el espacio, formando una nube sumamente difusa en torno a las nebulosas lejanas. El corazón de cada nebulosa estaba hecho de fuego, según podía ver ahora, y refulgía incandescente. Shinji surcó el espacio, acercándose un poco más, y los sonidos de viento se hicieron música discordante. Podía sentirse llevado por esta, aunque sonaba horrible, como gente sin talento alguno. Sacó su violonchelo e intentó tocar la melodía que sonaba, pero pronto cayó en la cuenta de que lo horrible era inherente a la melodía misma. Y seguía acercándose a ella. Trató de tocar por sobre la disonancia, y dejó de flotar hacia esta, al ahogar Shinji el ruido con música dulce. Tocó durante un rato, luego se detuvo cuando los brazos se le empezaron a cansar. Al detenerse, empezó a gravitar de nuevo hacia el sonido, así que siguió tocando, más fuerte esta vez. Envuelto en un viento de notas bellas, empezó a apartarse de las nebulosas aún distantes. Al rato, tuvo que parar de tocar, cansado, solo para verse jalado otra vez, aunque ni siquiera podía oír la música conscientemente. Pero podía sentirla. --No hay escapatoria --dijo una voz de hombre--. La civilización que usan para cubrir la verdadera naturaleza de la humanidad no es más que un barniz, y el llamado sigue, llamándoles a que sean lo que son en verdad. Shinji se volvió y vio al hombre. Era de tez morena y rasgos nobles, vestido como un faraón de la antigüedad, con un gancho y un cetro en las manos. Detrás de él, avanzaba despacio una procesión, portando un féretro digno de un faraón, gravitando despacio hacia la canción discordante, en dirección a la enorme nebulosa. Una decena de imágenes relampaguearon por la mente de Shinji, desde una enorme araña albina hasta una criatura opalescente parecida al calamar. Cada una de las imágines era horrorizante para Shinji, pero, al mismo tiempo, algo dentro de él las encontraba por demás normales y gratas, a diferencia de otras imágenes. --Tan cerca --dijo el hombre en voz queda, luego, más fuerte--: El llamado del sultán de demonios Azathoth puede prorrogarse, pero no rechazarse. Todas las cosas provienen de él, y a él vuelven todas las cosas. Cenizas a las cenizas, polvo al polvo. El Caminante Pálido. El Que Susurra En La Oscuridad. El Marino Negro. Decenas de nombres pasaron por las mentes de Shinji, cuando las voces que vivían en su interior identificaron al ser que estaba ante él. La Voz de los Dioses Exteriores, su Alma, Nyarlathotep. Tenía tantas formas como especies de criaturas había en el universo, pues a cada una de ellas podía llegar como uno más de ellos, o como la cosa que más temían. Era el halcón que perseguía ratones, el lobo que cazaba ciervos, el kzeergi que robaba los huevos del dsaah. --Estoy soñando, eso es todo --afirmó Shinji. --Sí, lo estás --dijo el hombre--. Los sueños revelan verdades de las que nos queremos esconder. Pero tú no necesitas un sueño para sentir el llamado. ¿No lo sientes? El llamado del Rey del Mar es fuerte, pero su canción no es sino un reflejo mustio de esta canción. El séquito fúnebre seguía la marcha, al igual que Shinji. Estaba dividido entre su deseo de no acercarse más a la nebulosa lejana, su curiosidad por saber qué sucedía, y su miedo de darle la espalda al Faraón Negro. Podía sentir el llamado. --No siento nada --mintió. --Pues, si quieres perderte el sepelio de tu padre, es cosa tuya. --¿CÓMO? --Shinji miró conmocionado el féretro. --Todas las almas surgen del Sultán de Demonios, al igual que todas las cosas, y al morir vuelven a él para ser devoradas, usadas como la sustancia básica que forma las nuevas. Es lo que espera a todos. Como ves, los budistas tenían razón. Shinji nunca había puesto mucha atención a la religión. Sintoísmo, budismo, cristianismo, islam... Todos eran borrones para él. Tenía una vaga idea de las diferencias entre una y otra, pero no era algo a lo que hubiera otorgado mucho pensamiento, aunque ahora tenía la impresión de que Asuka querría que aprendiera más del cristianismo, ya que sin duda querría que él la acompañara a la iglesia y cosas así, si seguían siendo novios. --No recuerdo que dijeran algo de ser devorado por Azathoth --dijo Shinji--. ¿Y qué es eso de mi padre? --El alma no es más que una ilusión, un efluvio efímero de Azathoth, que vuelve a él cuando ya ha servido su propósito, el propósito de todo el universo, porque este mundo existe para diversión de él. Todos no son sino una máscara que él lleva para competir contra otras máscaras de él, en el gran relato que él se cuenta a sí mismo para hacer llevadera la eternidad --dijo el faraón Negro, sonando casi piadoso--. Tu padre cumplió su rol y ahora está muerto, y vuelve al seno de Azathoth para ser consumido y renacer. --Yo creía que era Shub-Niggurath la que devoraba a sus hijos para parirlos otra vez --dijo Shinji, sorprendiéndose y preguntándose cómo sabía aquello. --Todos son uno --dijo el Faraón Negro, caminando con Shinji y con la procesión--. Y yo soy uno también. Parecen ser individuales... Tú y yo parecemos individuales únicamente porque no puedes ver desde lo alto, donde solo existe Uno, del cual Azathoth y yo y tú y cada hoja de hierba no somos sino una parte. He ahí el secreto de los budistas y las facciones más filosóficas de hindúes: que todo el mundo no es más que una ilusión, un juego, y que solo escapando de la ilusión y unificándonos con Brahma, con el mundo que es alma, podemos liberarnos de él y de los dolores que causa. --¿Pero qué tiene que ver mi padre con eso? --preguntó Shinji obstinadamente. --Tu padre se consagró a los Dioses Exteriores, queriendo usar el poder de ellos en su contra, hacerles caer en un timo. Podría haberlo logrado sin mí; todos ellos son idiotas y ciegos, que obedecen a leyes primigenias establecidas por el Mundo-Alma. Es cierto: un ladrón astuto puede caminar entre los Dioses durante algún tiempo, usándolos para cumplir sus objetivos. Pero ahora su alma pertenece a ellos, y lo devorarán. Así se reunificará con el Mundo-Alma y conocerá la paz. --¡Lo van a destruir! --dijo Shinji horrorizado. --Él mismo lo causó. Pero no importa; tendrá paz y estará reunido con el Mundo-Alma, habrá escapado de este mundo doloroso. ¿Acaso no es para mejor? --¡NO! --dijo Shinji, sintiéndose más alterado a cada momento--. ¡No voy a dejar que eches a mi padre por el gaznate del Sultán de Demonios! Echó mano de sus poderes, preparándose para un combate. Fue más fácil; se sentía más fuerte aquí, podía sentir que el poder fluía en él. Y entonces se dio cuenta de que estaba extrayendo poder de la música discordante, y entre más absorbía, más cerca gravitaba de Azathoth, que por suerte seguía distante. Se quedó quieto, sin saber qué hacer. Había cierta dureza en la voz del Faraón Negro: --¿Entiendes ahora? Si combates el fuego con fuego, te vuelves fuego. Hasta el final, sigues los pasos de tu padre. Serás devorado también por el Sultán de Demonios cuando mueras, porque sus dedos están en tus almas. --¡No! --gritó Shinji, desesperado. --Sirve por voluntad propia, y la muerte y la disolución se postergarán por mucho tiempo. Desafíanos, y vendrá rápido. Sirve, y podemos devolverte a tus padres --dijo el Faraón, casi arrullando--. Porque la muerte también es solo una ilusión, que puede deshacerse si el maestro de los magos así lo desea. Shinji se inmovilizó; la parálisis era una cosa que le venía naturalmente, en todo caso, y este caso era peor que de costumbre. --Mentira --dijo, ahogado. --No miento. Tu madre puede salir de su prisión, tu padre puede volver a la vida, pueden ser una familia feliz. Shinji arrugó las cejas. --¿Su prisión? --La devoró la Eva de Rei --dijo Nyarlathotep--. Tu padre... Una de las grandes fuerzas que impulsaban su vida era la esperanza de rescatarla de allí. Estaba dispuesto a arriesgarlo todo en pos de aquello. Yo podía sacarla cuando lo deseara. Simplemente no lo deseé. Shinji intentaba pensar. Tenía que ser una treta, pero... Mamá... Papá... No podía abandonarlos. No podía. La música no quería parar, y él flotaba, flotaba. Tendría que hacer algo pronto. Puedo quitarles a mi padre y tratar de huir. Aunque me arriesgue a ser más atraído hacia el Sultán de Demonios. ¿Qué más puedo hacer? Invocó al poder y se fue veloz contra la procesión, al tiempo que Nyarlathotep se echaba a reír. Le sorprendió a Shinji el que Nyarlathotep se limitara a mirarlo abalanzarse y apartar a golpazos a los seres con cabeza de animal que portaban el féretro. Shinji se apoderó del féretro y alzó el vuelo, para alejarse lo más rápido que pudo. Pero pudo oír la voz de Nyarlathotep: "En algún momento tendrás que despertar...". No le hizo caso y siguió volando, huyendo del Sultán de Demonios cuan rápido le fue posible, sin mirar atrás. -*- Toji estaba teniendo uno de esos sueños otra vez, esos en que Kensuke seguía vivo y hablaban de todo un poco. Al menos, de eso creía él que se iba a tratar. Era él y Kensuke en los columpios, como en los viejos tiempos. --Qué tal, socio, ¿qué se cuenta? --preguntó. --Me va bien, pero no soy Kensuke. Toji lo quedó mirando. --¿Eh? --Se me conoce por muchos nombres. El Faraón Negro, El Caos Reptante, El Dios De La Lengua Sangrante, El Hombre Verde, El Simio Ciego De La Verdad, etcétera. Pero para nuestra conversación de hoy, puedes decirme simplemente Nyarly. Toji se bajó de su columpio y dio un cauteloso paso atrás. --¿Por qué tienes la pinta de Kensuke, y qué haces aquí? --Pues, sucede que si te muestro mi forma verdadera, tu mente insignificante se rompería. --'Tá bien que seas feo, pero no es pa tanto. --Muy gracioso. ¿Quieres oír la explicación o no? --Perdón, perdón. --Estamos "aquí" porque quiero hacerte una oferta que no deberías rechazar. Normalmente eso supone paisajes oníricos muy elaborados en que te muestro tus deseos más íntimos y luego te persuado de pensar por ti mismo que eso que insinúo es lo que en realidad habías querido siempre. Pero sospecho que esa sutileza te quedaría grande. Así que vengo a decírtelo bien simple. --Ah, ya entiendo. Eres Don Sata y quieres que te jure mi alma o una cosa así. La aparición con forma de Kensuke hizo "hummm", columpiándose. --Supongo que sería bastante acertado. --No te pienso vender mi alma. --Bueno, no es exactamente tu alma lo que busco. --No te la pienso dar. --Más bien, quisiera que trabajaras de nuestro lado. --¿Y cuál es tu lado? --El lado contra el cual Nerv ha luchado todo este tiempo. Toji se cruzó de brazos: --¿Y por qué diablos iba a trabajar pa ustedes, mamarrachos? --Bueno, déjame contar las razones. Uno: puedo sanar a tu hermana. Dos: puedo devolverte a Kensuke. Y tres: están todos condenados en la batalla que viene. Este no va a ser simplemente el monstruo del día, será un combate totalmente distinto. Todos van a morir, a menos que veas las cosas a mi modo. --Ah, ¿o sea que te tengo que creer que vamos a perder porque lo dices tú y punto? --Te diría cómo van a perder, pero sería arruinar la sorpresa. --Sí, cómo no. --No creas que trabajar con nosotros será desagradable. Eres un Dios, después de todo. Regirás a los humanos, junto a tus amigos. Gobernar no es tan malo. ¿Y por qué no tú? Mira este mundo. ¿Crees que los líderes actuales están haciendo un trabajo muy bueno? --La verdad, no me fijo mucho. El Caos Reptante se dio un palmazo en la cara. --No, claro que no te fijas. Bueno, te voy a agrandar el pene. --¡¿QUÉ?! --Perdón, tu casilla de correo está llena de esos anuncios. Supuse que era algo que podía interesarte. --Estoy bien como estoy. --Como tú digas. --Nyarly se bajó de un salto del columpio, luego se sacudió los pantalones--. Mira, mi oferta sigue en pie, hasta el final, por adverso que sea, ¿sí? Así que cuando estés de bruces en la tierra y tus amigos estén muriendo a tu alrededor, acuérdate de mí. Tan solo di la palabra y estarás salvado, tus amigos estarán salvados, tu hermana y Kensuke estarán salvados, y todo estará bien. --Igual no te pienso dar mi alma. --Ahí nos vemos, chico. Y luego Toji tuvo sueños mejores. -*- Toji entraría en razón a su tiempo, no le cabía duda. El Caminante retrocedió y miró la partida que había puesto en marcha. Hikari quería con desesperación que su familia volviera. De seguro haría lo que fuera por tenerlos otra vez. Fuera, sonaban ruidos de tránsito. Se detuvo un momento, al no recordar haber creado aquel ruido. Aunque, por otro lado, los sueños tendían a generar detalles propios. Se paseaba por el escenario, revisando cada una de las formaciones oníricas. Una de las cosas más proclives a salir mal era que alguien advirtiera costuras en su abuela por haberse distraído él al hacerla. Había perdido a Norton hacía todos esos años por haber puesto a la hermana equivocada en los sueños del hombre. Nunca más. El sonido de vehículos se hizo más fuerte, y él pareció extrañado. Demasiado ruido no sería un ambiente propicio para tentar a la niña. Se concentró, pero los sonidos no disminuyeron. Fue hasta la puerta principal de la casa y salió al césped. Pasaban vehículos por la calle, pero un vehículo hacía un ruido especial: era un camión con tráiler, de dieciocho ruedas. Se preguntó por qué la mente de Hikari se imaginaría un tráiler en un barrio suburbano. Pero no perdió mucho tiempo pensando en eso. Aplicó su mente para borrarlo. En cambio, el camión siguió viniendo, y ahora aceleraba. El camión tenía una absurda máscara verdosa en la rejilla del radiador. Por un momento, se preguntó si la muchacha estaba teniendo una pesadilla con él mismo; había una pizca de terrores nocturnos en la expresión enloquecida de la máscara. Proyectó su mente con más fuerza, e intentó borrar al camión. Pero su mente resbaló sobre un campo AT, mientras el camión pasaba otra marcha. Se propulsaba por la calle a gran velocidad, pero, misteriosamente para Nyarlathotep, todavía el camión no se acercaba. El tráiler empezó a hacer virajes en su carrera, derribó un árbol al subirse a la acera. Se dio cuenta de que el camión venía contra él. Lo miró, pero nadie lo conducía. Entonces todos los vehículos estacionados en la calle cobraron vida y empezaron a moverse. Hacia él. Irradió con su mente, tratando de borrar los sueños, pero cada vez su mente resbaló en un campo AT. Pujó más fuerte, y el campo pujó de vuelta. No quedó otra alternativa que despojarse de su máscara y asumir una forma más poderosa para el combate. Pudo sentir elevarse en él la furia ardiente al crecer su frustración, al alzarse la pasión que se ocultaba siempre bajo su máscara. Pero nada pasó cuando intentó asumir otra forma. No era más que un humano, un humano con la mente de un dios. Un humano con un camión de dieciocho ruedas y una veintena de vehículos más pequeños atronando hacia él. Se volvió y corrió hacia la casa, pero la puerta se había cerrado y estaba con llave, y él no se había acordado de salir con las llaves. Venían ahora cruzando el césped, y por razones desconocidas todos se movían a velocidad pasmosa, pero acechando como gatos, despacio, saboreando cada momento de lo que venía, la matanza. Se dio vuelta e intentó romper una ventana. Dio resultado y se metió por ella, sintiendo que la carne se le rasgaba y sangraba al romperse el vidrio. La insulsa familia feliz lo miró atónita, y la madre dijo: --¡Oye, cómo se te ocurre romper la ventana! ¡Quedas castigado! Él se volvió, se subió de un salto a la mesa, agarró al niño pequeño y lo arrojó por la ventana a los vehículos, esperando que el sacrificio le diera tiempo para dilucidar qué había salido mal. Luego echó a correr hacia la puerta trasera, mientras la pared de la sala se derruía hacia adentro con la embestida del camión, y vidrio y metal se estrellaron con el choque de la máscara violácea, insípida, burlona. Sintió que las paredes se arrasaban detrás de él, y no había nada más que miedo, un horror ciego que se apoderó de él al correr hacia la puerta trasera. Sabía que debía haber una, él mismo había manufacturado este sueño. ¿O no? ¡Claro que sí! ¡Estaba formado a su voluntad! ¿Por qué se volvía contra él? ¡Él era un dios! ¡Un dios! Hubo estruendo de cosas reventadas, y saltaron en pedazos las escaleras con el choque del camión contra ellas. Él abrió la puerta y salió corriendo al patio, acezando. Un segundo para recobrarse, nada más. Y entonces una luz cegadora le inundó los ojos. Dos faros, puesto en altas, iluminaron el patio como el sol del mediodía. Era un Chevy del cincuenta y siete, rojo cereza, sin conductor. El motor bramó, y Nyarlathotep leyó la matrícula: YUI-001. Echó a correr, y el vehículo arrancó de cero a cien en medio segundo. La rejilla del radiador le trituró el tórax como mazazo contra un cristal, y al írsele la luz de los ojos vio dos destellos, pequeños círculos de cristal, espejear en el aire detrás del volante. --No has de llamar lo que no puedes expulsar --dijo un hombre. Y entonces el tráiler atravesó la pared y le aplastó la vida. Luego no hubo más que silencio. -*- Toji corría hacia la zona. Recibió el pase e hizo el tiro. El balón rodó por el aro y entró. ¡El público se volvió loco! Y entonces, de pronto, alguien lo zangoloteó. Toji soltó un quejido y despertó. --¿Qué mier...? ¿Hikari? La muchacha estaba de pie junto a la cama, sacudiéndolo. --¡Los coches! ¡Vienen por nosotros! Vienen... El joven se preguntó cómo habría llegado ella a su camarote en el Sicigia. ¿No le había echado seguro a la puerta? Tal vez no. --¿De qué diablos estás hablando? --balbució, restregándose los ojos. Momento, habían visto una película o algo así. En la sala de estar de la nave. Y era de autos. --El... --Hikari pareció de súbito abochornada, y dejó de zarandear al muchacho; el Sicigia se meció por un momento con el viento, como imitándola--. No, nada, era una pesadilla. --Tiene que haber sido doña pesadilla si llegaste acá sin darte ni cuenta --dijo Toji, sentándose--. Parece que la maratón de películas de autos embrujados fue mala idea. --Sí --dijo ella firmemente--. Me... mejor me vuelvo a acostar. --Aunque la muchacha no tenía ganas de dormir sola después de aquello. --Dale --dijo él--. ¿Segura que estás bien? --Me... No --dijo ella, y se sentó en la cama--. No deberíamos. Mejor me vuelvo a acostar. --Bueno, te puedes quedar si quieres. --Misato... --empezó Hikari. --Yo creo que Misato nos echaría porras --dijo Toji--. Y Shinji debe estar con Rei y con Asuka en este mismo momento. Los ojos de Hikari se agrandaron: --¿Tú crees? --No, no creo --dijo Toji--. Pa eso hay que ser bien macho. --Ah, ¿así que te parece muy de hombre serle infiel a tu novia? --dijo ella, con cara reprobatoria. --¡No, no, yo no dije eso! --protestó Toji--. Es que pa estar con dos mujeres se necesita mucho hombre. --Sobre todo cuando se es un niñito. --Hikari se puso en pie y salió como energúmena. Toji suspiró. --¡No lo decía por nada de ti! --exclamó tras ella. --Buenas noches --dijo ella antes de meterse a su respectivo cuarto. Toji se tiró de espaldas otra vez en la cama. --Estas mujeres. Nunca escuchan. Suspiró y trató de volver a dormirse, pero con lo único que soñó fue con coches que lo perseguían, con Hikari tras el volante de todos. -*- Sonó un trueno en la distancia. Hador-Keb, jerarca de la Aldea de Ged, miró hacia lo alto de la montaña sagrada, y pareció contrariado. Normalmente, la montaña solo temblaba una vez por siglo. Así rezaban las lecciones sacras: una vez por siglo, la montaña sagrada castigaba al mundo por los pecados cometidos en el siglo; los réprobos perecían y los buenos escapaban con vida. Pero el cáliz de su furia se había derramado hacía apenas quince periplos; la tierra ahora era fértil para los que habían sobrevivido. ¿Qué hemos hecho para merecer la ira de los dioses?, se preguntó, huyendo con sus seis piernas hacia la plaza de la aldea, para congregar al pueblo y escapar hacia el mar. En lo profundo de la montaña, la Gran Bestia de Fuego bramaba de cólera, acometiendo a choques contra las paredes del conducto magmático, agitándolo, frenética. La tierra se estremeció y los cielos se llenaron de humo. El mundo gritó y expulsó una gran marea de lava, y esputó emanaciones venenosas y un diluvio de cenizas por la tierra. La aldea pereció, sepultada en lava, ahogada de cenizas, antes de poder escapar. No por sus pecados. Sino por ser blancos fáciles. La Gran Bestia se curó de su ira con carcajadas al perecer todos gritando y rogando la misericordia del cielo, que no hizo sino resonar con la furia de la montaña. Sus muertes le brindaron calma, y surgió desde la lava, arrastrando sus ocho extremidades y cuatro cabezas y seis bocas, encogiéndose hasta adquirir una forma que enloquecería a todo habitante del planeta que lo viera: una bestia bípeda aberrante, vestida con una vaina de fibras animales, con una sola cabeza y solo dos ojos, como una especie de criatura pequeña, primitiva, hinchada hasta un tamaño enorme. Con una piel color de ocaso, como la roca volcánica sobre la cual andaba, bajó por la falda de la montaña, ataviado con una mitra reluciente que mostraba una especie de bestia extraterrena, como una soga con colmillos y ojos en un extremo. Las pocas bestias sobrevivientes vinieron a él, y comieron de su mano, pues él era su amo, señor de toda cosa feroz. Era el finalizador de eras, portador de apocalipsis, el que arrasaba civilizaciones y devolvía el dominio a las bestias. Dejó de lado su mitra, revelando unos filamentos oscuros, como hilos que colgaban de su cabeza, dispuestos en trenzas apretadas, y su cobertura de fibras se transmutó a un color azul marino, asumiendo una nueva configuración. Buscó detrás de una roca fundida y sacó un maletín. Creyeron poder desafiar el Fin de los Tiempos. Pero él les mostraría a la Bestia del Mar, y haría caer a su risible civilización, como a todas las demás. Pues a él no se le podía dar muerte, no ellos. Pues él era el Alma de los Dioses Exteriores, su Heraldo, su Voz. Y aquella Voz no admitía disputa. Al final, todas las cosas volvían a él, ya por albedrío, ya por fuerza. Si no querían sumarse a la bacanal, serían despedazados por las ménades. En eso desembocaba. En eso había desembocado todo siempre. Abrió el maletín y miró un conjunto de interruptores. Era hora. -*- Toji y Misato miraban la expansión del océano. Los dos estaban en silencio, perdidos en ideas. Al muchacho le parecía que Misato parecía algo ojerosa. --¿Se fue de farra anoche? --preguntó. Estaban en una de las cubiertas de observación, que miraban desde el Sicigia al mar. Todo era calmo y plácido bajo ellos, como una distante pared azul. Él no le temía a las alturas, por suerte. Así y todo, el parapeto alto hacía poco probable una caída, aunque el muchacho estuviera cargado contra este. --No --dijo ella, cortante, luego con voz más suave--: Ojalá. Pero no. Dormí como el carajo. --¿Sueños feos? --preguntó él, luego se preguntó si debía contarle el que había tenido él. Aunque muy probablemente no era más que un sueño idiota por ver demasiadas películas occidentales relacionadas al diablo. --No, es que no pude dormir bien. Y tenía la sensación de que todo el mundo estaba teniendo sexo menos yo --dijo Misato. Toji se rió. --Yo no tengo. --Bueno, a tu edad, en realidad no deberías. --Sacudió la cabeza. --Toji --dijo Rei. Toji casi saltó por el barandal producto de la sorpresa. Se agarró y volvió enderezarse. --No hagas ESO. --¿Soñaste? --preguntó Rei. --Ehh, sí --dijo él, precavido--. ¿Tú también? Ojalá no me destripe o algo así, pensó. --Está desesperado --dijo Rei. --¿Quién? --preguntó Misato. --El Heraldo de los Dioses Exteriores. Quiere comprarnos. Yo no estoy en venta --Rei se acercó al parapeto y miró hacia el mar. --¿Tú tampoco, eh? --dijo Toji--. Sí, yo le dije que se fuera a cagar. Ehh, que se fuera --dijo, mirando a Misato. --Demonios --dijo Misato--. Si puede andar metiéndose en la cabeza de la gente... --¿Si quién se puede meter en la cabeza de la gente? --preguntó Shinji. --El Heraldo de los Dioses Exteriores --dijo Misato--. Nibaldo... Ni lata... Nyarlathotep. --No diga el nombre --dijo Rei, seca. Shinji dijo: --Va a tratar de detenernos. --Tembló un poco--. Lo intentó... Había una... --Sacudió la cabeza--. No quiero hablar de eso. Hikari llegó con dificultad y cara de sueño doblando la esquina, frotándose los ojos. --Hola, comandante --dijo--. Shinji, Rei. Toji. --Oye, ¿no estás encabronada todavía, o sí? --preguntó Toji--. No era mi intención cag... ofender. Ella estaba seria. --Lo que dijiste fue una cochinada. --Anda, ¿me vas a decir que le dirías que no a dos tipos bonitos? Misato dijo: --¿Quieres meter a Shinji a la cama con ustedes dos, Toji? --Sonreía un poquito. --¿QUÉ? --dijo Toji. --Yo... --Hikari estaba un tanto colorada--. Lo que yo me imagine... Digo... --¿Qué está pasando aquí? --dijo Shinji. Ahora aparecía Asuka, avanzando con aplomo, y llegó, abrazó a Shinji y le plantó un beso firme. Todos los quedaron viendo, y Misato dijo: --Vaya, parece que ALGUIEN anda de buenas. --Ando de muy buenas --dijo Asuka--. Por fin *entiendo* todo esto. Misato arrugó el entrecejo. Algo malo le sonaba en aquello. --¿Cómo así? --Es muy complicado --dijo Asuka, luego vio la expresión de Misato, y las caras de preocupación de los demás--. No me miren así, si no vengo a anunciar que queremos gobernar el mundo. Shinji podía sentir a Asuka apretada contra él, y se sintió empezando a excitarse con la presencia de ella y lo apretado del semiabrazo. Dijo: --Entonces ¿cuál es la buena noticia? --Hizo un alto y añadió "amor", vacilante. --Te amo --dijo ella con voz delicada, luego lo besó--. Anda, bésense ustedes también --dijo, meneando la mano en dirección a Toji y Asuka. --¿Qué, esa la gran revelación? Ya hace rato que los dos andan a besitos, por si no saben --dijo Toji. --Cualquier momento podría ser el último --dijo Misato, pareciendo algo triste--. No sé por qué andan peleados ustedes dos, pero no vale la pena. El dolor que no logra nada no vale la pena. Toji se acercó a Hikari. --Mira, no quise... Ella lo agarró y lo hundió en un beso. Asuka hizo lo mismo con Shinji. Rei los miró, añorante. Misato se le acercó y la rodeó con un brazo. --Ya vas a encontrar novio también, no me cabe duda --dijo Misato--. A muchos les gustan tímidas. Aunque tenga superpoderes y su buen talento para matar gente, pensó. Pisoteó aquellos pensamientos. Sabía exactamente lo que sentía Rei. Le cuchicheó a la niña: --También me da un poquito de envidia. Rei se volvió y la abrazó en silencio, apretándola muy fuerte. Quizá un pelín demasiado fuerte; Misato recordó la gran fuerza física de Rei. Asuka terminó el beso. --Mmm, qué rico. Misato preguntó: --¿Todos tuvieron pesadillas con el Heraldo? Recibió una ronda de afirmativas. --Yo no caí con sus mentiras --dijo Asuka. Misato parecía descontenta. --Debería hablar con Fuyutsuki, creo. Podría haber engañado a alguien. --No te preocupes --dijo Asuka--. Todo va a ser para mejor. Lo puedo sentir. --Eso, todo va a salir bien, ¿no? ¿Este es el último? --Toji sonaba esperanzado. --Sí --dijo Misato--. Si damos por hecho que esas profecías viejas y demases significan algo, es el final. Y aunque no lo fuera, les hemos ganado cada vez. Y esta vez no importa si algo queda destruido. Podemos ganar. Y VAMOS a ganar. Es necesario, por todos los que se han sacrificado para traernos hasta aquí. --Por Kensuke, carajo --dijo Toji. --Sí, por él y nuestros papás y nuestras familias --dijo Asuka--. Pero creo que vamos a tener que darle su merecido al Heraldo también. --¿Podemos? --preguntó Shinji. --No se rinde --dijo Asuka--. Creo que, al final, va a ser nosotros o él. --Será él --dijo Rei firmemente. Extendió una mano, con la palma hacia abajo. Durante un momento, todos la miraron confundidos, y luego Shinji puso una mano sobre la de ella, y Asuka sobre la de él. Hikari puso la mano sobre la de Asuka y Toji cubrió la de Hikari. Estuvieron así un momento, y luego Rei miró a Misato: --Usted también. La mujer puso una mano sobre las de ellos y dijo: --No tenía por qué ser así. Ustedes son niños. Deberían tener vidas normales. No deberían estar aquí afuera, arriesgando la vida y la cordura. Para está la gente como yo. Misato se mojó los labios en un gesto nervioso: --Tal vez tienen razón, y tengamos que buscar la manera de cazar al famoso Heraldo. Si es que podemos. Tal vez nos vamos a pasar la vida peleando contra esta mezcla entre dioses y monstruos. Pero sé que puedo contar con que todos ustedes van a luchar por la humanidad hasta las últimas consecuencias. Confío en todos, y sé que van a hacer las cosas bien. Pase lo que les pase. Vamos a encontrar la forma de vencer a esta cosa, vamos a sanar a Ritsuko, y vamos a irnos y vamos a tener la paz que nos hemos ganado, carajo. Porque me niego a que me gane un puto Dios Exterior con su manada de empleados. ¡Vamos a ganar, mierda! --Amén --dijo Asuka con fervor--. Dios va bendecir nuestra batalla. --Esperemos que haya al menos un dios de nuestro lado que no esté mandando monstruos a matarnos --dijo Misato--. Toda ayuda sirve. Bueno, me voy a reportar con el cuartel general para ver que no haya malas noticias. Y para ver qué le parece todo esto a Fuyutsuki. --Nos vemos --dijo Shinji. El estómago de Toji gorgoteó. --Vámonos a desayunar. --Buena idea --dijo Hikari--. Se pelea mejor con el estómago lleno. --A menos que sea como nadar --dijo Shinji. Al empezar todos a caminar, Toji le preguntó a Misato: --¿No es como nadar, o sí? --Yo creo que no vamos a pelear en un buen rato --dijo Misato--. Vayan a comer. --Ya la oyeron, es una orden --dijo Toji--. Hay que ir por comida. -*- --Bueno, el vuelo va sin novedad hasta el momento --dijo Misato desde la pantalla--. Los Niños tuvieron unas pesadillas, que vamos a tener que investigar, pero en general las cosas andan bastante bien aquí. Estimamos que llegaremos a destino en ocho horas más. --Detrás de ella podía verse el puente del Sicigia. --Bien --dijo la doctora Himmelfarb--. Aquí no ha habido ningún problema; la Armada informa que están en posición para lanzar un ataque cuando llegue el momento. La doctora estaba de pie en el puente principal, allá en Alemania. Estaba un tanto nerviosa por no saber qué tan bien rendiría todo ese personal nuevo en el puente, pero hasta ahora parecían andar bien. Al menos Ritsuko y Maya tenían experiencia. --Qué bueno. Ahora estamos sobre el mar. Está muy tranquilo. Ritsuko se paralizó de pronto, luego se derrumbó en la silla ante su escritorio. La doctora Himmelfarb la miró preocupada, y esperó que la causa de aquello no hubiera sido la mención del mar. Misato pareció preocupada también. --El... emm.. En fin, todo bien por aquí. --Quería preguntar si alguien había soñado con Nyarlathotep, pero de pronto le había preocupado el que este pudiera estar oyendo. --La llevo a la enfermería --dijo Maya, ayudando a Ritsuko a ponerse en pie e ir tambaleante hacia la puerta, apoyada pesadamente contra ella. Megumi las miró salir y sacudió la cabeza con gesto triste, luego siguió escribiendo furiosamente. --Avísenme cuando... --Empezó Misato, y luego sonó tras ella el estampido de una explosión. Misato se dio vuelta de un giro--. ¿Qué diablos fue...? Hubo otra explosión y las pantallas quedaron mostrando solo estática. El comandante Weiss miraba la pantalla con cara de circunstancia: --Ingrid, trata de llamarlos a los celulares. Es de esperar que alguien lo tenga encendido y nos informen si hay alguien con vida. Antes de que Ingrid pudiera contestar, hubo otra explosión, esta vez en la base. Todo quedó a oscuras. --María --le dijo el comandante Weiss a una de las funcionarias del puente--. Baje corriendo y vea que puedan hacer funcionar la energía auxiliar. María salió a todo escape; no llevaba mucho rato fuera cuando entró la energía auxiliar y las cámaras volvieron a funcionar. Seguían sin poder conectarse con el Sicigia, y ahora las cámaras de seguridad mostraban tropeles de hombres- pez entrando por las puertas del complejo y afluyendo por el recinto. Ingrid estudió las imágenes: --Vienen por nosotros. Las defensas exteriores habían caído, y los hombres-pez eran un reguero que cubría todo lo que abarcada la vista. Los pocos soldados que los enfrentaban murieron rápidamente. --Transmitan esto. La base pasa a alerta total --dijo el comandante Weiss--. Que todo el personal emprenda retirada de acuerdo al plan beta-nueve. Repito, retirada de acuerdo al plan beta-nueve. --¿Qué plan beta-nueve? --preguntó Megumi. --Nos replegamos a un perímetro defensivo en torno al helipuerto y empezamos a evacuar a todo el personal no combatiente --dijo Weiss--. Andando. --¿Ya perdimos? --preguntó Megumi, sorprendida. --Tal vez podamos resistir si nos llegan refuerzos, pero no tiene sentido hacer quedarse a los que no pueden pelear. No podemos mantener el puente, así que lo mejor es replegarnos a lo que podemos defender. Eso espero, pensó. -*- La retirada era más fácil en teoría que en la práctica. Torcieron por el recodo de un corredor, solo para encontrarse con otro grupo de Profundos que saltaron contra ellos desde las sombras. Ingrid agarró a uno, lo estampó contra el muro y lo degolló con el cuchillo, y lo que logró fue que dos más la apresaran. Cayeron tres soldados, llevándose con ellos a solo dos enemigos. Podían oír disparos resonar por la base. Megumi tiró su cámara contra uno de los que asían a Ingrid; la caja metálica alcanzó en un ojo al engendro, que soltó a la mujer. Ingrid invirtió la sujeción del otro y lo alzó por el aire, luego lo dejó caer sobre una rodilla. Megumi oyó fractura de huesos. Otro saltó contra Megumi, pero la doctora Himmelfarb le puso un tiro en la cara, que lo dejó muerto en el suelo. Siguieron el escape, solo para torcer por otro recodo demasiado rápido, y la resulta fue una lanza en la garganta del comandante Weiss, que cayó en un charco de su propia sangre. Una andanada de metralla borró a aquel grupo y Megumi se sumó a los demás que seguían el avance por sobre los cadáveres. Doce soldados más se les sumaron en la siguiente intersección, y atravesaron con una granada un intento de barricada hecha con cajones y bultos. Poco después, profundos armados con granadas eliminaron a la mitad de los soldados, y Megumi recibió un pedazo de metal en el brazo izquierdo. Consiguió sacar un pañuelo del bolso y ponérselo contra el brazo mientras corría. Había explosiones y sonido de metralla por doquier. Se oían gritos y clamores extraterrenos resonando por los pasillos. Cadáveres, humanos y de los otros, sembrados por todas partes. Luego llegaron al helipuerto. Los cadáveres de Profundos plagaban el suelo como confeti, saturados de balas. La causa era fácil de ver: seis helicópteros armados con ametralladoras y misiles. Dos estaban en el aire, sobrevolando en círculos y disparando contra todo lo que se moviera y tuviera escamas. Lo vamos a lograr, pensó Megumi. --Salgan de aquí las dos --le dijo Ingrid a Megumi y a Himmelfarb--. Helicóptero cuatro. --Se volvió y empezó a gritar órdenes para tratar de poner orden en la defensa del helipuerto. Megumi se volvió para correr, mientras la doctora Himmelfarb, que ya iba acezando, corría tras ella. Llegó al helicóptero justo a tiempo para mirar atrás y ver una lanza volar y alcanzar a la doctora Himmelfarb detrás de una rodilla. Cuando dos soldados corrían a ayudarla, recibió otra lanza en la espalda. Los Profundos que habían arrojado las lanzas fueron cortados con fuego de ametralladora, pero no lograron matarlos antes de que uno arrojara otra lanza que alcanzó a uno de los soldados que acudían corriendo. Luego afluyó una gran marea de Profundos contra el perímetro. Y con ellos venía algo más. Medía sobre diez metros de alto, y pasaba entre los edificios por no caber en ellos; tenía una piel gris y gelatinosa que tremolaba un tanto en su caminar bípedo; era alado y con una cabeza semejante a un cráneo, con tentáculos cortos en torno a la boca. Megumi sintió que la sangre se le helaba al verlo. Uno de los demás pasajeros la metió al helicóptero, las puertas se cerraron y la nave empezó a elevarse. La criatura avanzó hacia ellos, con balas pasando sin hacer daño por su cuerpo gelatinoso, o incrustándose en el interior sin ningún otro efecto. Los helicópteros despegaron mientras la brigada de soldados pugnaba desesperadamente. Megumi rogó que aquel no fuera el mismo ángel que los Niños iban viajando a combatir. De seguro no podía haber llegado desapercibido hasta medio mundo de distancia. Aunque era más bien bajo para ser ángel. El helicóptero le disparó un misil en la cara; cayó y la cara se le distorsionó, pero se levantó rápidamente y la cara recobró su forma. Meguni rezó por que no pudiera volar. Nunca lo supo, pues el comandante del helicóptero despegó de inmediato, rumbo a Múnich. Lo último que vio fue la base en llamas, con berridos innaturales elevándose hacia el cielo de la noche, mezclados con explosiones y unos pocos gritos humanos de desesperación -*- --¡Sí, ya sé que no tenía que tirar la cámara, pero estaba desesperada! --le dijo Megumi por teléfono a su editor. Costaba oírlo por sobre el chiflido del frío aire nocturno y el ruido de los rotores de arriba. --Bueno, tal vez sobrevivamos para imprimir otra edición --dijo el hombre, todavía sonando resentido--. Al parecer esta gente pescado está atacando todas las bases de Nerv en la Tierra. Las fuerzas militares han tenido algo de éxito en repelerlos, pero la gente de las ciudades costeras ha empezado disturbios sin razón alguna. --¿Se ha sabido algo del Sicigia? --preguntó Megumi. --Ni el más mínimo rumor. Si alguien oficial sabe, no están filtrando. Por lo que cuentas tú, me suena a que se murieron. Megumi miró hacia la campiña alemana que pasaba bajo ella. Parecía demasiado apacible, dadas las circunstancias. Ni siquiera voy a morir en mi casa, pensó. --¿Qué quieres que haga? --Averigua todo lo que puedas. Las redes de celular siguen todavía funcionan, al parecer. --Suspiró--. Suerte, Megumi. --Suerte a ti también, jefe --dijo ella--. Te llamo cuando sepa algo. --Bueno --dijo él, luego colgó. Megumi miró a sus compañeros en el helicóptero, la mayoría científicos. --¿Alguien sabe si Akagi-san e Ibuki-san alcanzaron a salir? --La última vez que vi a Akagi-san, le estaba metiendo un escalpelo en el ojo a una de esas cosas. --La mujer se estremeció--. Se parecen un poco a como ella está ahora. Pero más repugnantes. El hombre que estaba junto a esta le pegó en un brazo: --No es culpa de ella lo que le hizo esa cagona idiota de Anna. Por Dios, estamos cagados. --Son unos primitivos de mierda --dijo otro hombre--. Los militares los van a curtir a tiros. Aunque tal vez tengan que tirarle una bomba atómica al monstruo de gelatina o lo que haya sido. --Sus temblores desmentían las palabras. Era muy probable que la milicia se encargara de los hombres pez una vez pasado el factor sorpresa. Pero no de su amo. ¿Estaban muertos los Niños? Si no lo estaban, ¿podían llegar a tiempo hasta el ángel? ¿Así iba a terminar todo? Megumi esperaba que no, pero no tenía ninguna respuesta. Miró hacia las estrellas, y estas brillaban sobre ella, frías e indolentes. No habría ayuda desde lo alto. La humanidad viviría o moriría por virtud de su propia fuerza. Rogó por que bastara. Y temió que no bastara. Cual fuera el resultado, lo sabrían pronto. -*-