+-----------------------------------------------------------+ |...........................................................| |..Lo.mejor.del.fanfiction..................................| |..._______..................______...........__._..........| |..|__ __|................| ____|........./ _(_).........| |.....| |_ __.__._._.__..___| |__ __._._.__.| |_ _..___.....| |.....| | '__/ _` | '_ \/ __| __/ _` | '_ \| _| |/ __|....| |.....| | |.| (_| | |.| \__ \ |.| (_| | |.| | |.| | (__.....| |.....|_|_|..\__,_|_|.|_|___/_|..\__,_|_|.|_|_|.|_|\___|....| |...........................................................| |...............................http://www.transfanfic.org..| |...........................................................| +-----------------------------------------------------------+ | | |Título original: The Reluctant Jezebel, Part 3 | |Autor : Agent Orange - orangeglow151@yahoo.com | |Traducción : Miguel García - garcia.m@gmx.net | | | +-----------------------------------------------------------+ La reacia Jezabel Capítulo 3: Más cerca You can have my isolation You can have the hate that it brings You can have my absence of faith You can have my everything... [Te doy de regalo mi aislamiento Te doy el odio que viene de él Te doy esta inmensa falta de fe Te doy todo lo que tengo...] Unas semanas después recibí una llamada un poco distinta de las demás. En vez de alguien cuchicheando una dirección en el teléfono antes de colgar, me llegaron instrucciones de mirar hacia afuera. Así lo hice, y vi un Chrysler Le Baron instalado fuera de la puerta. --¿El auto es mío? --le pregunté al teléfono. --Súbete. Te están esperando. Como para acentuar la indicación, vi una mano pálida hacer señas alegremente desde el interior del auto. Cancherito Spike. Era que no. Era el único al que se le hubiera pasado por la cabeza hacer señas. Suspiré, un poquito empachada con la situación, y me metí incómodamente al asiento trasero del vehículo. Al volante estaba alguien que yo no había visto nunca, con Vicious en el asiento del acompañante. --¿Todavía tienes la pistola? --me preguntó. --No salga de casa sin ella --dije con una encogida de hombros. Y era cierto, hoy por hoy. Vicious asintió. --Bien. Querías acción, niñita. Cuidado con lo que deseas. Tragué un poco de saliva. El Cancherito Spike no hizo más que sonreír. --¿No será mucho el dramatismo? --dijo, y le pegó una patada al respaldo del asiento de Vicious. --Lo dudo mucho --Vicious hizo algo que se parecía vagamente a una encogida de hombros--. Es una cosa bastante grande, te recuerdo. Un hito, más bien. Me acuerdo del primer golpe tuyo. Spike soltó un lamento. --Qué bueno, porque el recuerdo lo tengo reprimido junto con el de ese payaso que Annie contrató cuando cumplí diez años. Por Dios, qué cagada más horrenda. --El golpe o el payaso --preguntó Vicious, sonriendo con los ojos en el espejo retrovisor. --Los dos. Spike prendió un cigarrillo y le ofreció uno Vicious, que declinó cortesmente. Luego me puso la cajetilla bajo la nariz. --Ehh... no gracias --balbucié. --Mejor se lo aceptas --me aconsejó Vicious desde el asiento delantero--. Normalmente tendrías que sacarle uno de su mano tiesa después de muerto. Te lo ofrece únicamente porque esta es una especie de ocasión especial. --No es mentira --admitió Spike. Miré feo a Vicious por ser tan condenadamente críptico y luego saqué un cigarro de la cajetilla. --¿Y, me vas a decir de qué estás chachareando o qué? --pregunté, luego de di al cigarro una chupada tranquilizadora. No había fumado desde el segundo año de secundaria. Nunca me gustó mucho en ese entonces, pero ahora me proporcionaba una distracción leve de los sucesos, y se agradecía. Bien mirado, tal vez por eso fuma la gente. --Esta noche vas a matar a alguien. Me empecé a atragantar de inmediato con una combinación espesa de tabaco y mi propia saliva. Spike soltó algo parecido a una risa. --Yo creo que había que decírselo más de a poco, Vicious. --No hay tiempo para hacer las cosas despacio. Te necesitamos porque es imposible que alguno de nosotros pase más desapercibido que tú en esta misión específica. --¿Y cuál sería? --pregunté, recuperando el aire. --Nuestro blanco de esta noche frecuenta un club para caballeros --dijo Vicious categóricamente. --O sea, un topless --tradujo Spike--. Vas a tener que disculpar a mi compañero. Cree que hablar como en el siglo diecinueve hace que las cosas suenen más importantes. --¿Y dónde entro yo? --pregunté, sabiendo ya la respuesta, pero esperando el zapatazo de oírlo en voz alta. --Bueno, encanto, tú eres la toplera --Vicios casi sonrió con la mitad de la boca--. ¿Lo dije en términos adecuadamente legos para ti, Spike? Spike se limitó a mostrarle un pulgar hacia arriba, con la cabeza algo asomada por la ventana para exhalar una tufarada de humo. --Ya te tenemos todo arreglado. El uniforme y todo. En esencia, harás lo siguiente... * * * Exasperada, miré mi reflejo, mientras pugnaba por equilibrar como cinco kilos de alas de pollo en un bandeja que tenía más o menos la mitad del tamaño requerido para hacer tal cosa. Eso, y la necesidad de esconder la pistola debajo del paño con que servía era bastante engorroso. No estaba garantizado que fuera necesario que yo matara a alguien. Por el momento, se me encargaba simplemente observar y esperar. Vicious y Spike estaban reunidos con un... cliente, como decía Vicious tan perversamente. Spike me había explicado que el tipo con quien se iban a reunir no era de lo trigos muy limpios. También me explicó que se le diría por anticipado, y que se le había advertido varias veces, que si se negaba a acatar los términos, lo iban a balear. Lo único de lo que no estaría al tanto era que la rubia con cara de no muy viva, esa que le servía el picoteo, sería la encargada de pegarle el tiro. Sabía que Spike trataba de poner el asunto en términos racionalizados para que yo no me sintiera tan mal. Saltaba a la vista lo nerviosa que me tenía esto. Tenía miedo de, al llegar el momento, no ser capaz, y estaba mas aterrada aún de ser capaz. Vicious tenía razón. Yo lo había pedido. Y no me arrepentía, a decir verdad. ¿Cuál era la gracia de ser delincuente si se iba a ser de poca monta? Toda descoordinada, me ajusté el sosten push up mientras les servía a un piño de estudiantillos la sexta porción de papas fritas, manteniendo todo el rato los ojos pegados a los hombres del rincón. Traté de tasar cómo iba la conversación, y me estaba resultando más bien imposible. Tanto Vicious como Spike tenían caras como para campeonato de póker. Si no querían que alguien supiera algo, entonces una no tenía idea. Entonces, la vi. La señal. Mierda y mil veces mierda. --¿Nos trae más mayonesa por favor? --preguntó Vicious, fuerte, haciendo una seña con la manno. Nos trae más mayonesa por favor. Esa era la señal. Te juro que casi me puse a reír de los nervios, pero me las apañé para contenerme lo suficiente como para llegar hasta allá. Los dos me miraban de manera tan expectante que no sabía cómo era posible que mi víctima no se enterara. Tenía que saberlo. Tal vez me había estado mirando todo el rato el muy cabrón. Tal vez estaba llevando la mano a la pistola en este preciso momento. Dos segundos más y yo tal vez quedaría muerta en este piso inmundo con una camiseta pegada a las tetas y embarrada de mayonesa; exactamente la forma en que todos habían esperado que me llegara la hora. Pues no, no quiero. No me iba a morir así. Que se cague. ¡Que se cagaran todos! ¡PAM! Me llevó un momento percatarme de que la que había disparado era yo. Es más, hasta me agaché. Me escondí durante un segundo detrás de la bandeja, inspeccionándome el cuerpo, buscando heridas. En ese momento me di cuenta de que la pistola mía estaba humeando. Abrí unos ojos inmensosy se inmediato sentí que alguien me agarraba prácticamente por el pescuezo y me sacaba tironeada hasta la calle. Pero, en el instante en que estuve fuera, me salí del semitrance y eché a correr hacia el auto dispuesto para la fuga. Me metí de un salto por la ventanilla justo cuando el coche arrancaba a pelallanta, con el cuerpo de Spike todavía colgando a medias del vehículo. Lo entré de un tirón justo cuando salíamos del aparcadero. Nadie dijo una palabra hasta que estuvimos a salvo en la limo, y, incluso ahí, no me sentía muy conversadora. Me limité a quedarme ahí, derecha, mirando hacia adelante, tamborileando frenéticamente con el pie contra el piso a modo de tic nervioso. Vicious fue el primero en hablar. --¿Fácil, verdad? --me preguntó. Hice una especie de bufido y desvié la mirada a la ventana, con el pie zapateando aún más rápido que antes, cosa que en otras circunstancias me hubiera parecido físicamente imposible. --Y si fue fácil, no pasa nada, Julia --me dijo, con una voz que muy posiblemente fue la más delicada que jamás le oí--. Déjame decirte que todos se ganan la vida matando. Nosotros lo hacemos de modo franco, así de simple. Yo puse cara de hastiada. --Por favor --murmuré--. Me imagino que ahora me vas a decir que después que salimos corriendo del bar, llegó una gente muy buena y se llevó al tipo a vivir en una granja a cazar conejos todo el día. Vicious soltó una risa leve y movió la cabeza de lado a lado. --La muerte es el efecto secundario y natural de todo buen negocio --dijo en tono serio--. Lo políticos sentencian gente a muerte todos los días, en un modo más digerible, más aceptado socialmente, desde luego. Los médicos deciden quién vive y quién muere, los abogados condenan a muerte, los polis se hacen de la vista gorda si la paga es buena. Al menos nosotros no le disparamos a nadie por la espalda. Lo miré brevemente a los ojos, tratando de descifrar si él mismo se creía lo que me estaba diciendo. No pude descifrar nada. Pero el hecho innegable es que yo lo había hecho. Al momento de mostrar quién es quién, el gatillo lo había apretado yo. Así que me imagino que que sí le creí. De pronto sentí que Spike me tocaba despacio con la bota. --Te portaste bien --Sonrió de modo tranquilizador--. La primera vez mía fue un desastre. Los escuché a medias mientras rememoraban el equivalente gangsteril de los tiempos aquellos. Era tan rara, la forma en que hablaban. Había oído en la tele eso de que la banda es la familia de uno. Pero, por la manera en que hablaban, parecía verdad. En realidad, no podía entender cómo estas dos personas podían matar con tanta facilidad, ni el desempacho con que me volví una de ellos. Me sentí culpable, no tanto por haber apretado el gatillo, sino justamente por no haberme sentido culpable. No hacía más que pensar "Carajo, qué clase de enferma soy? ¿Acaso siempre tuve esto por dentro? ¿Es la razón de que nunca haya conseguido encajar en ninguna otra parte?". --¿Estás bien? --me volió a preguntar Vicious. La limo ya había pasado a dejar a Spike, y al parecer Vicious se sintió compelido a acompañarme hasta la puerta. Normalmente no lo hacía, pero me imagino que se daba cuenta de que yo seguía un poco descompuesta con todo el asunto. --Sí, bien --le dije sin cuidado. --Porque si te quieres salir, este es el momento --dijo, tajante. Me paralicé en la puerta, con la llave ya puesta. Hela ahí la razón de por qué me acompañó a la puerta. Para darme un ultimátum. Típico. --Mañana vas a recibir una llamada --continuó--. Y si contestas, es todo. Entras de por vida. Después de eso, si te vas, es en ataúd. --Por Dios, Vicious --rezongué. De verdad que se ponía demasiado dramático. --Tú y Spike se pueden burlar de mí todo lo que quieran. Pero soy sincero. Esto no es ningún Club de Tobi. Es una empresa. Lección Número Tres, Julia. Siempre separa el hombre y el negocio. Esta noche lo hiciste sin siquiera pensarlo. La clave es mantener esas dos cosas separadas incluso en el calor del momento. Algo en su tono me hizo encabronarme de rabia. Giré sobre las puntas de los pies. --¿Y tú, Vicious? Si es que te llamas así --dije híper sarcasticamente--. Tú y el negocio son uno solo. Si yo no hubiera sido rubia y no hubiera tenido tetas decentes, todavía les estaría haciendo de chofer a ti y a Tribilín por todo Marte en un Ford Fiesta. Me he pasado medio año llevándolos para todos lados y todavía no confían en mí ni un milímetro. No, claro que no, sería malo para el negocio --dije en tono burlesco, metiendo salvajemente la llave en la cerradura. No sabía por qué de pronto me estaba dando tanta rabia contra él. Supongo que era más que nada porque lo último que necesitaba era que alguien me estuviera diciendo las verdades del oficio de asesinar. Lo que me hacía falta era algo humano, carajo. Alguna cosa torpe y tonta e imperfecta. Jamás creí que iba a añorar los días de asiento trasero, pero al menos en esos había alguna sinceridad detrás de los agarrones al tuntún. --Eric. Arrugué la cara al sentir su voz. --¿Qué? --largué, fuerte. --Me llamo Eric --repitió. Sacudí la cabeza y me volví a mirarlo. --¿Eric? --pregunté, sin terminar de entender qué pasaba. --Sí --dijo simplemente. Lo quedé mirando como si acabara de brotarle una segunda cabeza, y, en cierto modo extraño y metafórico, así fue. Había una especie de subtexto extraño en su nombre verdadero. Los ojos se le veían distintos cuando lo decía. Su expresión corporal parecía diferente en cierto modo. En realidad... fue una cosa más conocida que distinta. Yo había visto antes esa mirada. --Quiero fornicar contigo --saqué, poniéndole nombre a la mirada. --¿Qué? Me reí fuerte y traté de hacer la Julia Entra A Su Departamento, Toma Cinco. --Nada. --Suspiré y abrí la puerta. --¿Me dijiste que querías fornicar conmigo? --Sí, Eric, eso dije --dije desde el vestíbulo. --Pues, sería inaceptable --Vicious mostró una sonrisa a medias, con su comportamiento anterior volviéndole de manera instantánea--. Tú entiendes; malo para el negocio. --Dios no quiera --contesté con una voz demasiado ardorosa. Y nos quedamos así, sin movernos. Nos quedamos así porque se nos ocurrió que sí, que teníamos muchísimas ganas de acostarnos con alguien. Nos quedamos así también porque era obvio que cada cual estaba pensando lo mismo. Y nos quedamos así porque jamás en la historia de nuestras vidas la transacción había sido tan expedita. Pero nos quedamos así nada más un momento, después agarré a Vicious Eric por el botón de la bragueta, lo entré y cerré de un portazo. ME HACES ACERCAME A DIOS